ORACION POR DIRECCION EN NUESTRO CRECIMIENTO ESPIRITUAL

Efesios 6: 18-24

Introducción:

La oración comúnmente se ha utilizado para asuntos temporales: Por sanidad, provisión y solución a los diversos problemas que nos aquejan.

Y, está bien orar por las diferentes necesidades que nos aquejan, el apóstol Pablo dice que: “Sean conocidas nuestras peticiones por Dios”.  Pero el problema es que nos hemos descuidado y olvidado al mismo tiempo, de lo principal, de lo más importante: Nuestra vida espiritual, del crecimiento y de la visión.

Cuando las Escrituras nos hablan del Señor Jesús y de Juan el Bautista, cuando aún eran niños, dicen: “Crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Luc.2:40, 52) (Luc.1:80, Juan Bautista). Además del crecimiento físico, estaba el crecimiento espiritual.

Cuerpo:

v.18. Súplicas en el Espíritu. Orando por todos los santos. Tanto el cristiano como la iglesia misma, tienen una tarea en este mundo, ha recibido una vocación en las cuales necesita: “Respaldo y visión, éste último de conocer el propósito de Dios en su vida. Necesita de principios que nutrirán el alma y la fe del creyente.

Esta generación de cristianos, teniendo toda la información y material en sus manos con respecto a lo bíblico, está vacía, sedienta y perdida; no conoce a su Salvador, están sumidos en las cosas temporales de este mundo.

En los años 70 y las décadas atrás, había una revelación, conversión y entrega genuina; pero en los tiempos presentes, la vida con Cristo ha sido reducida en ellos a una religión más de las que existen.

Se necesita un avivamiento, empezando por el ministerio entregados a hacer de la religión una distracción, entretenimiento y negocio; una vez más se necesitan ministros con un azote de cuerdas, para llevar la restauración de los hombres, purificando los corazones (Jn.2:15). El cristiano necesita reaccionar, como el hijo pródigo: “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre…” (Luc.15:17-20).

v.19-20. Por la proclamación del evangelio. Pablo había sido hecho embajador del evangelio, estaba preso en Roma, sin embargo todavía tenía algunos de los privilegios y uno de ellos, era que podía recibir a grupos de gentes interesados por el evangelio, ya que todavía era como un misterio, mayormente para los judíos. Además, de ese lugar, escribió y envió las epístolas a las iglesias. Y vemos que pide que se ore por él, mayormente por lo espiritual: “Y por mí, a fin de abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio” No dudamos que las iglesias oraban por su condición de preso en Roma; pero Pablo pedía que se orara en súplica en el Espíritu, es decir, con intensidad y perseverancia de poder dar a conocer la Salvación y que los judíos pudiesen encontrar a través de su predicación, en las Escrituras, que Jesucristo era el Mesías prometido, de lo que hablaron los profetas.

v.21-24. Mantenerse dentro de los propósitos de Dios. Que se mantuviera la paz con Dios; refiere a la reconciliación que habían alcanzado a través de Jesús, que nada ni nadie los apartara de esa relación. Pablo, al comienzo de su ministerio, sintió que no podía continuar, sentía que era demasiado para él, pero la respuesta del Señor fue: ¡Bástate mi gracia! Podemos sentir que podemos perder todo, aún la vida misma, pero debe ser suficiente la Gracia de Dios: Salvación y vida eterna que nos fue dado.

Amor con fe; un amor fraternal genuino con el prójimo. El apóstol Juan nos hace la exhortación al decirnos: ¿Cómo puedes amar a Dios a quien no has visto? Cuando no amas a tu prójimo a quien has visto. El mandamiento es este: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

Son principios que harán que crezcamos cada día tanto en el conocimiento como en nuestra vida espiritual (Madurez espiritual). Vivir una verdadera riqueza espiritual.

VESTIRNOS DE TODA LA ARMADURA DE DIOS

Efesios 6: 11-18

Introducción:

La lucha que libra el creyente no es fácil, pues además de sufrir la hostilidad del mundo, enfrenta al enemigo de nuestras almas, que no solo influencia al mundo contra los cristianos, sino que ataca directamente con sus demonios, cuya finalidad es: “Hurtar, destruir y matar” (Jn.10:10).

El creyente debe estar consciente de la lucha que libra, para estar claro que necesita depender de Dios, quien ha provisto de una armadura, la cual, dice Pablo, que debe tomar: “De toda la armadura” (v.13).

Cuerpo:

v.11-13. Usar toda la armadura. Al igual que un soldado que va a la guerra, debe salir bien equipado. No está en que se elija de cual parte solo necesita, sino “Toda la armadura que Dios le ha provisto” (v.11). Pues la maldad del enemigo de nuestras almas no tiene límites (v.12-13). Dios conoce al enemigo y lo ha dado a conocer a sus redimidos, para que puedan estar bien preparados al recibir hostilidades de parte de él. El mismo señor Jesús declaró, diciendo que Satanás: “Ha sido homicida desde el principio y que, no hay verdad en él” (Jn.8:44).

La Armadura de Dios:

v.14. Ceñidos vuestros lomos con la verdad. Es el cinturón que sujeta bien y adecuadamente la armadura que lleva un soldado. Así la verdad de Dios, como un cinto que sostiene adecuadamente una armadura, así  nos protegerá de las mentiras de Satanás y del mundo; La mentira es dada como una verdad para hacer tropezar al otro, por eso Jesús nos advirtió sobre él: “Homicida desde el principio y padre de mentira” (Jn.8:44). Engañó a Adán y a Eva y los hizo que tuvieran a su Creador como mentiroso y se rebelaron contra él (Gén.3:1-7).

v.14-b. La coraza de justicia. La coraza protege tanto el pecho como la espalda (los órganos vitales, uno de ellos, el corazón) del soldado. Así nuestro corazón necesita ser protegido de los ataque del diablo. El toca nuestras emociones, autoestima y la confianza para desestabilizarnos y alejarnos de Dios; las circunstancias adversas que sufrimos, el enemigo las aprovecha para desconcertarnos y turbarnos, creando así dudas, miedos y desconfianza en lo que hemos creído de Dios.

Jesús combatió a Satanás y lo venció al ser tentado por éste para que desistiera de su propósito; Jesús lo venció con la verdad de Dios: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mat.4:10-11). La verdad de Dios nos da la identidad de lo que somos ahora: Cristianos; y a la vez, es el fundamento de nuestra vida.

v.15. El Calzado de los pies. Con el apresto del evangelio de la paz. Los calzados de los soldados llevaban cuerdas para amarrar el calzado, es decir, el calzado debía ir bien seguro para que pudiese dar pasos firmes en combate. Así, necesitamos la buena disposición de realizar la obra de Dios y dar pasos firmes, sin variaciones en terminar la carrera cristiana.

En otras palabras, el evangelio nos da valores: Dignidad, verdad e integridad. No tengamos el evangelio como algo que se puede dejar a un lado, valoremos lo que Dios y su Hijo Jesucristo hicieron por darnos la salvación y la vida eterna: “El Padre no escatimó a su propio Hijo con tal de redimirnos” “El Hijo, Jesucristo, nos amó y se entregó por nosotros al morir, realizando la expiación de nuestros delitos y pecados”. Valoremos esa verdad.

Esos valores son atacados por el diablo y el mundo, queriendo que nosotros lo menospreciemos, como muchos lo han hecho poniendo a Dios en segundo lugar en sus corazones.

v.16. Sobre todo, el escudo de la fe. Para apagar todos los dardos de fuego del maligno. El escudo era una defensa que usaba el soldado contra todo lo que tiraba el enemigo, desde una flecha, lanza o espada para herirlo mortalmente. El creyente necesita ejercitar su fe en Dios de tal manera que en las circunstancias adversas: “Todo sucede para bien” Tanto en las enfermedades, en las angustias, en persecuciones, etc. La fe, creerle a Dios, su realidad, su verdad y su fidelidad; hará que avancemos firmes en medio de las dificultades. (Rom.8:28, 31-39).

v.17. El yelmo de la salvación. El casco de hierro que protege la cabeza y rostro del soldado. Un golpe certero en la cabeza o el rostro viene a ser mortal; Pablo llama a proteger la mente, es el campo que utiliza el maligno, atacando nuestros pensamientos para perder nuestra confianza y la fe en Dios, es decir, busca que perdamos la seguridad de nuestra salvación: Nos acusa, nos incita y manipula los sentimientos.

El ejemplo está en Jesucristo, que al verse vulnerable, Satanás le ofreció todos los reinos del mundo, mientras Dios le ofrecía que se sacrificara por los hombres, que al final, no querían nada de él y lo desecharon: “Y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: “Todo esto te daré, si postrado me adorares”. Jesús le respondió: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mat.4:8-11). Muchos se han rendido a los pies de los hombres quienes les ofrecen de una manera fácil de adquirir las cosas, sin ningún costo. Aunque al final, les destruye su integridad y dignidad, haciéndolos unos gusanos que solo se arrastran y chupan la sangre. Les hace perder el sentido de la vida, al hacerles perder los valores.

v.17. La espada del Espíritu. Que es la palabra de Dios. Es el arma que utiliza el soldado para librar las batallas y vencer. La palabra de Dios es un arma poderosa: “Más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, discierne los pensamientos y las intenciones del corazón…Y es como martillo que quebranta la piedra” (Heb.4:12 y Jer.23:29).

En el creyente, la palabra de Dios: “Instruye en justicia, enseña, redarguye, corrige. A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2Tim.3:16-17).

El ejercitar la fe y el conocimiento de la verdad y la fidelidad de Dios, viene a contrarrestar las herejías que causan división y confusión. Contrarrestar las filosofías de los hombres que pretenden socavar la fe del creyente. Pero a la vez, la palabra nos da respuesta y seguridad en medio de las dificultades que pasamos.

v.18. Orando en todo tiempo. Esto hará que podamos vestirnos y mantener la armadura de Dios de una forma adecuada. La oración es la vía que Dios nos ha provisto para conversar con él; así como él nos habla a nosotros por medio de su palabra.

Nos transmite su conocimiento, nos guía de una manera segura por el camino nuevo (el evangelio) que hemos tomado. Los hombres de Dios pudieron sostenerse y vencer, al orar, es decir, pedir a Dios la guianza, la fortaleza y la sabiduría.

BUSCAR LA FUERZA DE DIOS EN NUESTRAS LUCHAS

Efesios 6: 10

Introducción:

En las batallas que libramos tanto en la mente como también externamente, se necesita de un respaldo y capacidad para poder luchar, estar firme y vencer.

Un soldado no lo es ni va a una guerra sino recibe instrucciones y armas, sería un blanco fácil para el enemigo.

Es lo que está pasando con la mayoría de los cristianos, vienen siendo blanco fácil para ser arrastrados en la herejías, blanco fácil para cualquier situación adversa, por el hecho de que él mismo está siendo descuidado, no cultiva su vida espiritual, es decir, su relación con Dios. Entonces se cansa, se frustra y termina, a veces prejuiciado contra la obra de Dios.

El  congregarse, la lectura de la palabra de Dios y la oración, hacen que el creyente crezca y se desarrolle en su fe, porque sabrá que hacer y a quien buscar en situaciones difíciles.

Cuerpo:

v.10-a). Preparación espiritual. “Por lo demás, hermanos míos” Es decir, prepárense como cristianos, para crecer, fortalecerse y estar firmes en momentos que se requiere librar alguna batalla. De ahí la lectura de la palabra de Dios, para conocer las instrucciones, los principios que necesitas para nutrir tu fe. Congregarse, para salir de ahí calibrado cada día, entregándose en la alabanza y adoración, en donde al proclamar las verdades de Dios su vida espiritual se alimente, se motive fortaleciendo sus convecciones. Luego, en la exposición de la palabra de Dios, su conocimiento lo lleve a saber cómo vivir, como crecer y enfrentar cualquier situación adversa.

En otras palabras, los principios de Dios contribuyen “para redargüir, corregir e instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2Tim.3:16-17).

No son pues, para tenerlas de adorno, ni tampoco para que los apruebes o las desapruebes.

v.10-b). Permitan que Dios los capacite. “Fortaleceos en el Señor” A través de su palabra y a través de la oración, permitan que Dios los capacite, y para esto, es necesario el llamado que hace el Señor Jesús, cuando unas mujeres le dijeron: “Bienaventurado los pechos que amamantaste. Él les respondió: Más bienaventurado aquellos que oyen y ponen por obra la palabra de Dios”

v.10-c). En el poder de su fuerza. Si permitimos a Dios que actúe a favor de nosotros, entonces él nos respaldará con su poder de acuerdo a sus propósitos. Recordemos en la condición en que cayó el discípulo Pedro, él quedó a la deriva al negar al Señor, sin embargo el poder de Dios actuó en él para que no se suicidara y mucho menos se extraviara de su relación con él. Jesús le dijo: “He orado para que no falte tu fe”.

Conclusión:

Dios no ha dejado solo al creyente, él sabe que le necesita y para ello, nos ha dejado una guía para que no nos extraviemos y a la vez está siempre en la disposición para socorrernos de acuerdo a su voluntad y propósitos. Así que, búscalo y lo hallarás; ¿Cómo buscarlo? Siendo diligente en tu vida y desarrollo espiritual, estando dependiente de él.

UNA MUTUA SUMISION LLEVARA AL RESPETO Y ARMONIA CON EL PROJIMO

Efesios 5:22, 25. 6:1-9

Introducción:

La sociedad de los tiempos del apóstol Pablo, estaba marcada por estrictas reglas y costumbres de caracter inhumano:

-Las mujeres eran sometidas al marido y en su soltería a los padres.

-Se practicaba la esclavitud.

Y pareciera ser que Pablo compartía ese estilo de vida al dar instrucciones usando la palabra “sumisión.” Pero es todo lo contrario, en la vida nueva con Cristo, el sometimiento debe ser y es mutuo, en donde el propósito es alcanzar una perfecta armonía entre las relaciones de familia, asi tambien entre la sociedad.

Si ponemos atención a la lectura, el llamado es: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (v.5:21).

Cuerpo:

v.22,25. En un perfecto vínculo del matrimonio. El amor y no el interés egoísta de alguno de los conyugues, hará que exista una buena disposición de respetarse mutuamente, de ahí el llamado de: “Someterse unos a otros” Y ambos sometidos al principio de Dios que los guiara y les ayudará en su relación.

En un noviazgo, ambos son atraídos y se admiran entre sí debido al amor; después de contraer matrimonio, sucede que se irán conociendo el lado de sus defectos y es ahí en donde se debe cultivar el respeto: “Al someterse el uno al otro”. Pero el problema es cuando se pierde el respeto y se pierde la armonía que se anhelaban ambos.

v.6:1-3. El vínculo entre los hijos y los padres. Los hijos son llamados a honrar a sus padres, eso es someterse a este principio de la honra debida a los padres. Los hijos deben visualizar su futuro en los consejos que reciben de sus padres y que, muchas veces no debe faltar la disciplina y el castigo, si fuese posible. Recordando lo que Pablo dice: “Ninguna disciplina es motivo de alegría, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia” (Heb.12:13). Es decir, la recompensa es grande. Vemos que este mandamiento a los hijos está sujeto a promesa: “Para que les vayan bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (v.3).

v.4. El padre sometido a su hijo. Extraño decir así las cosas; pero se refiere a que la autoridad del padre de imponer disciplina va en aras de buscar protección y a la vez de mejorar la condición de vida en sus hijos cuando estos sean adultos. Para ello, dentro del principio, debe existir instrucción antes de la disciplina: “Instruye al niño en su camino. Y cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov.22:6).

Es decir, el padre es responsable de forjar la vida de sus hijos a que sean de bien y alcancen una mejor condición de vida.

Entonces, en vez de pretender hacer comprender a sus hijos a golpes y a gritos, se trata de disciplinarlos y amonestarlos en el Señor.

v.5-9. Las relaciones laborales entre siervos y amos. Los dos son llamados también a someterse el uno al otro, en un mutuo de respeto y responsabilidad:

-Los siervos, deben, dentro de su responsabilidad, ser humildes, teniendo buena voluntad de servir. Eso sí, no al ojo humano (no ser yoyos ni ladrillos, como despectivamente se dice) sino sirviendo como al Señor, es decir, siendo testimonio vivo de la gracia de Dios en Jesucristo.

-Así los amos, entendiendo que no están haciéndoles ningún favor al darles trabajo, sino recompensando por el trabajo que los siervos hacen, como está escrito: “El obrero es digno de su salario”. Por ello, les debe también respeto, no amenazándolos ni menospreciándolos. Pablo les dice: “Y vosotros, amos, haced lo mismo”.

No les está pidiendo otra cosa que el respeto que merecen los siervos como personas que son, y que la paga que reciben, no es una dádiva, sino que obligación de pagarles, reconociendo sus labores.

SOMETERNOS: BUENA DISPOSICION DE OBEDECER LA VOLUNTAD DE DIOS

Efesios 5: 21-33

Introducción:

El tema de la sumisión no es bien recibida debido a que se tiene que obedecer la voluntad de otro.

La Biblia nos enseña que someternos a la voluntad de Dios es en aras de la salvación y la vida eterna y también para tener éxito en nuestra relación con Dios.

Jesucristo es el mejor ejemplo al someterse a la voluntad del Padre para el propósito de la redención del hombre. Nadie duda de que el sacrificio de Cristo fue perfecto y es único para dicha redención, de tal manera, como está escrito: “Y en ningún otro hay salvación” (Hech.4:12). Y: “Un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo” (1Tim.2:5).

Esto anterior, nos atestigua que el propósito de la salvación no falló, de tal forma que no se necesitan otros mediadores o maneras para alcanzar la gracia de Dios.

Todo ello gracias a la buena disposición del Señor Jesús de someterse a la voluntad del Padre, viniendo como Siervo de Jehová (Is.52:13). Y siervo, en el buen sentido de la palabra, no como un mero título como se pretende ahora en los ministros, no; sino en realidad, pues sometió su voluntad a la voluntad de su Padre: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc.22:42).

Hasta ahí, el cristiano está de acuerdo y aprueba que está bien; pero el apóstol Pablo cuando llama a someterse, se refiere a los hombres: “Someteos unos a otros” (v.21). Como se mira en el matrimonio en donde los conyugues son llamados a someterse uno al otro (v.22 y 25). Así en la iglesia, los creyentes son llamados a someterse.

Cuerpo:

v.21. Un acto voluntario y espontáneo.  El matrimonio, para que tenga éxito en su relación, el principio es el sometimiento de ambos: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (v.22). Y: “Maridos, amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó por ella” (v.25). Pareciera que hay una desproporción en el llamado, como machista, pero no. El sometimiento del marido a la mujer va más allá de un simple amor, el amor que se le pide hacia su mujer es como la del Señor Jesús: “Como amó a la iglesia, y se entregó así mismo por ella” Se habla de un amor sacrifical, de una entrega de tolerancia, de bondad y abnegación. Tal como lo describe el apóstol en primera de Corintios:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1Cor.13:4-8).

Cuando una pareja se une en matrimonio, si lo impulsa el amor, entonces el sometimiento lo hace de una forma espontánea, es decir, sincera; y lo hace de una forma voluntaria, es decir, que se despoja en dar sin esperar a recibir. De ahí el que se llama al sometimiento de unos a otros “En el temor de Dios”.

v.32. Un matrimonio saludable y exitoso. Si bien se señala el matrimonio y otorga principios para una relación exitosa; Pablo nos recuerda que: “Mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia”. La existencia de la iglesia tiene como objetivo el ser testimonio al mundo de la verdad de Dios, de la realidad de Cristo y su sacrificio para la salvación de los hombres. Y para que tenga éxito en su vocación, es necesario, tal como en el matrimonio, el sometimiento de los unos a otros, de una forma espontánea y voluntaria: Del pueblo a los que sirven a Dios, igual del servidor de Dios al pueblo.

El pueblo tiene el deber de conocer la palabra de Dios, es decir, los principios, voluntad y propósito de Dios; esto hace que el que sirve, tenga la responsabilidad y la obligación de someterse a Dios para entregar la palabra tal como Dios quiere que se entregue, a la vez de guiar y dirigir de acuerdo a la voluntad de Dios, le parezca o no.

Y al igual que muchos maridos o esposas, que rechazan este llamado, así muchos son los servidores que han pretendido, según ellos, añadir o quitar de la palabra, para una mejor y excelente dirección, ajustándose a los tiempos modernos. Entonces tanto los unos como los otros han torcido los principios de Dios acomodándolos a su modo de pensar y de gustos.

Tal relación, serán y han sido un total desastre.

Conclusión:

La iglesia ante Dios, es santa (v.26); es gloriosa, sin ningún motivo de regaño (v.27). Debido al sometimiento espontáneo y voluntario de Cristo al Padre.

Y una iglesia así, entre los creyentes, al someterse como Cristo lo hizo, tendrá éxito en su relación con Dios y éxito en su vocación, gozando del respaldo Divino.

El apóstol Pablo, nos presenta a una familia que es un modelo de entrega y de servicio:

“Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan” (1Cor.16:15-16)

LA VIDA CRISTIANA SUMERGIDA EN LA VOLUNTAD DE DIOS

Efesios 5: 13-20

 

Introducción:

Continuando con el llamado que hace el apóstol Pablo de “Vivir como hijos de Luz” (v.1). Concluye con el tema de la relación con el prójimo, con una exhortación a caminar en la voluntad del Señor (v.17). Nos da tres detalles para asegurarnos de que realmente estamos y vivimos en la voluntad de Dios.

Nuestra relación fraterna con los demás, refleja la realidad de estar en esa voluntad, o todo lo contrario. Qué importante es examinarnos a la luz de la Biblia, si estamos viviendo y desarrollando nuestra relación con Dios, como está escrito:

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn.4:20-21).

Cuerpo:

v.13-16. Advertencia de despertarnos y levantarnos en Cristo. Debemos entender que la maldad viene a nosotros de una forma sutil, de tal manera que no se puede discernir percibir. El cristiano tiene que estar alerta, pues dicha maldad viene vestida (Camuflajeada) de derechos y de justicia. Por eso el urgente llamado de Pablo:

“Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (v.14)

Es decir, que seremos guiados por el camino correcto. Por mucho que se quiera esconder la maldad en el corazón, será puesta a luz, y quedará al descubierto (v.13).

Ante esto, atendamos el llamado: Ser diligentes (v.15). Aprovechar bien el tiempo, porque los días son malos (v.16). A no ser insensatos, sino: Entendidos de cuál sea la voluntad del Señor (v.17).

v.17. La insensatez de justificar la maldad. El aprovechar el tiempo, es de procurar cada día en conocer la voluntad de Dios: “De lo que Dios quiere y espera de nuestra vida”. De procurar conducirnos en la vida, de acuerdo al propósito de Dios. No dormirnos consintiendo la maldad, menospreciando sus consecuencias que deprenden de ella: La muerte.

v.18-20. Dejar la vida pasada. Abandonar los deseos egoístas que traen sufrimiento para tomar el gozo verdadero que da el Espíritu Santo: “No os embraguéis con vino” De todo aquello que es falso, sino llenarnos, sumergirnos en la vida con Dios. La recomendación que da el apóstol es:

“Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.

LLAMADO A VIVIR COMO HIJOS DE LUZ (Como hijos de Dios)

Efesios 5: 1-12

Introducción:

En este pasaje, el apóstol Pablo llama a los creyentes a conducirse como hijos de Luz. Para ello, llama a dejar toda truhanería (dejar de mentir, de hacer trampa); muchos fingen estar enfermos, otros escacés y otros tristezas, con tal de poder sacar provecho para sí (v.4). Este estilo de vida no es el diseño de Dios para el cristiano.

Cuerpo:

v.1-2. Un amor sacrifical. Esto va más allá de los sentimientos; Dios, no solo se conduele por la tragedia humana, sino que actuó: “Se dio así mismo por darnos salvación y vida eterna”. Y como vemos más adelante, en este mismo capítulo, toca el tema del matrimonio, en donde debe iniciar tal práctica: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó por ella” (v.25).

v.3-5. El amor al prójimo. Esto empieza por: “Amarse a uno mismo”. Y si no se ama así, mucho menos podrá amar a otros.

Muchos piensan que amarse así mismo significa utilizar  acciones injustas, atropellando al prójimo con el fin de poder proteger o conseguir algún beneficio  de una forma egoísta.

El truhan finge para poder conseguir algo: En la inmoralidad, es conocido que muchos se cansan por conveniencia económica; mientiendo en el matrimonio civil y ante Dios. El avaro retiene con egoísmo, de tal manera que no puede despojarse económicamente; es el que ofrece lo ajeno y lo que no tiene. Porque es idólatra al dinero.

v.6-12. Muchos usan palabras vacías, fingidas, para persuadir a otros al error; son falsos hermanos que actúan en la oscuridad de su maldad; y por eso, dice Pablo: “Por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (v.6). Y se nos llama a no participar con ellos (v.7); porque son obras sin frutos del Espíritu: “Que es toda bondad, justicia y verdad, comprobando lo que es agradable al Señor” (v.9-10).

Tales personas, debieran avergonzarse, como dice Pablo: “Que aun los del mundo, les trae indignación al escuchar conductas así (v.12). Esto nos hace ver cuán abominable es para Dios, que un cristiano proceda en el error de las tinieblas; tales obras, que si vienen al pensamiento, deben ser reprendidas.

Conclusión:

Conduzcámonos como hijos de luz, que otros vean en cada cristiano al Salvador Jesucristo y se salven.

DILIGENTES EN NO HACER ENOJAR AL ESPIRITU SANTO

Practicar la vida nueva en Cristo.

Efesios 4: 24-32

Introducción:

El apóstol Pablo había hecho el llamado de: a-Despojarnos del viejo hombre (del que estaba viciado por el pecado). b- Renovación de la mente, de los pensamientos que eran incapaces de discernir correctamente la palabra de Dios. Es adoptar el pensamiento de Dios a través de la guianza del Espíritu Santo y la palabra de Dios; como está escrito: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”.

Ahora pasa a describirnos aquellas prácticas que son del viejo hombre y que hay que abandonar, adoptando a la vez prácticas de la nueva vida en Cristo.

Cuerpo:

v.25. Hablar la verdad con su prójimo. Para ello  es necesario desechar, como a la basura, la mentira. Dios es veraz, y el Señor Jesucristo cuando vino en la carne, dice la Biblia que: “No se halló en su boca mentira” Aún, acusó a los hombres que dejaran las obras de vuestro padre, refiriéndose a Satanás, que desde el principio ha mentido. Y le llamó padre de mentira. El sembró con el pecado la división y la enemistad entre el hombre y Dios. Y esa misma obra hace la mentira: Crea conflicto y división.

v.26-27. Dominio propio. Es uno de los dones que Dios ha dado a creyente, para que el enojo no traspase la línea roja. El enojo es natural, es la reacción propia de recibir una ofensa. Lo que se pide es que el enojo no se crea raíces de amarguras en el corazón. Es necesario que el creyente aprenda a controlar su enojo; para evitar herir y destruir al hablar. En segundo lugar, cuando hay ira, no debe tomar ninguna decisión para no perder la paz con Dios y con el prójimo. A esto se refiere Pablo de no dar lugar al diablo.

v.28. Vivir honradamente. Que trabaje y adquiera ganancia con dignidad. Esto evitará la pobreza y a la vez podrá compartir con el que pasa necesidad.

v.29. Un lenguaje sano. Cuando se pierde el control del enojo, se tiende a ofender e insultar con palabras soeces. Con calificativos humillantes.

v.30-32. No contristar al Espíritu Santo. Con el cual, dice Pablo, fuimos sellados para el día de la redención. El Espíritu Santo no solo nos guía, nos enseña y nos ayuda; sino también, es el que nos da la garantía de que: -Somos hijos de Dios. –Y nos guarda para salvación.

Entonces, ¿Cómo vamos a ofender y a enojar a aquél que contribuye con amor nuestra salvación? El Espíritu Santo, es el mejor amigo con que cuenta un cristiano y con su actitud y conducta impropia no es posible que venga a ser nuestro enemigo, como está escrito:

“Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo Espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos” (Isaías 63:10-14).

Por eso hay que desechar todo aquello que pueda afectar nuestra relación con Dios: “Quitando toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”.

LLAMADO A LA NUEVA VIDA EN CRISTO

Efesios 4: 17-24

Introducción:

El cuerpo de Cristo está formado por diferentes miembros que gozan de dones que Dios les ha dado a cada uno de ellos, son habilidades que ahora pueden ofrecerlo al servicio de Dios. Pero a la vez, el Señor levantó Ministerios que contribuirán para:

 a-La edificación.

 b-Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina.

 c-Para una unidad fuerte. (v.11-16).

Ante todo esto, el cristiano es capaz de poder emprender esa nueva vida en Cristo. Pablo enseña y exhorta a la vez que vivir la nueva vida, es necesario despojarse del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos (v.22).

A continuación, el apóstol da una lista de lo que se requiere para una nueva vida en Cristo.

Cuerpo:

v.17. Un estilo de vida diferente. Para ello el llamado es: “Ya no andéis como los otros gentiles”. Que viven ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de corazón” (v.18). Que por ignorancia y por la dureza de corazón, es decir, que desconociendo lo que Dios es y el propósito que tiene con la humanidad, piensan y hablan de cosas que no conocen, tienen un concepto extraviado de Dios y en la dureza de corazón lo rechazan. Y habiendo perdido toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza (v.19).

En la nueva vida en Cristo, el estilo de vida, que cada creyente debe aspirar, a una vida de justicia, santidad y verdad (v.24).

v.18. Una mente entenebrecida. El hombre, es esclavo del pecado, pues su mente la tiene llena de tinieblas. Vive en esa oscuridad que se vuelve incapaz de poder discernir correctamente la palabra de Dios. Pervierten las Escrituras de tal manera que alimentan aquellos pensamientos vacíos y estériles, que solo conducen a la maldad y a la destrucción misma. Como está escrito: “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gén.6:5).

v.20-22. El creyente debe Vivir lo que le enseñó Cristo. Escuchamos a muchos ministros de estos tiempos, que, para justificar sus herejías, dicen que Cristo no enseñó doctrina. Sí enseño, y después de su resurrección y de su ascensión, la iglesia contó con la presencia y dirección del Espíritu Santo que Cristo había prometido. Cristo en su enseñanza no solo fue teórico, sino también práctico de cómo debería el creyente andar, su conducta y sus actitudes. Y por eso el apóstol exhorta, diciendo: “Más vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús” (v.20-21).

Entonces, es un llamado a un cambio de vida, despojándonos del viejo hombre; es un proceso de cada día, que si hemos entendido, contaremos con la ayuda del Espíritu Santo.

v.23-24. Renovación y vestimenta. Siendo la mente un campo de batalla, en donde se define la victoria; el creyente es llamado: “Renovaos en el espíritu de vuestra mente” Desechando la vieja levadura y adoptando los nuevos pensamientos que vienen de Dios; cada día cultivándolos, tal como lo hacíamos en el mundo con la maldad. Es la lucha espiritual: Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gál.5:16-17).

Pero además de renovar nuestros pensamientos, el creyente debe vestirse del nuevo hombre: “Creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. Antes estábamos vestidos de toda injusticia y pecado, ahora, vestidos de justicia y santidad.

Conclusión:

El apóstol Pablo hace mención tres veces de la verdad; es un llamado que la nueva vida que lleva el creyente, no sea ficticio, hipócrita y falso; sino de verdad, sinceramente y sin reproche. Cuando un creyente se proponga vivir en verdad la vida nueva en Cristo, el mundo se le vendrá encima; familia y amigos, que querrán influenciarlo con sus vidas llenas de concupiscencias. Ser leal a Cristo, el creyente se vuelve enemigo del mundo, se vuelve una persona contradictoria. Por eso y tristemente, la mayoría de los cristianos dudan y se acobardan en dar ese paso tan importante; recuerda siempre las palabras de Cristo: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mateo 11:12).

LA UNIDAD DE LOS MIEMBROS DEL CUERPO DE CRISTO

Efesios 4: 7-16

Introducción:

Esta profecía del verso 8 es aplicada a los acontecimientos del lugar donde fue Cristo en su muerte: “En el cual también predicó a los espíritus encarcelados” (1Pe.3:18-20). Recordemos que el Señor Jesucristo hizo mención del Hades en donde existían dos sitios Luc.16:19-31: “El seno de Abraham (v.22), y el lugar de tormento (v.24). Estos dos lugares los separaba una gran sima (v.26).

Entonces, el lugar a donde fue Cristo, es al Seño de Abraham, en donde estaban los justos que creyeron a Dios y sus promesas, una de ellas, la manifestación del Mesías; no solo les anunció el cumplimiento de la promesa, sino que los traslado al lugar en donde Pablo llamó: El paraíso: “Conozco a un hombre en Cristo…fue arrebatado hasta el tercer cielo…que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables…de tal hombre me gloriaré” (2Cor.12:2-5).

Entonces, prosigue Pablo en la epístola a los Efesios, diciendo: “…Había descendido a las partes más bajas de la tierra” (v.9).

Sin embargo, Pablo aplica esta profecía de los salmos, a la caída degradante de la humanidad, a lo más bajo que puede caer en el pecado el hombre. Esto lo podemos apreciar en la narración del Hijo Pródigo en: Luc.15:11-32: El Señor Jesús narra como el joven llegó al punto de: Apacentar a los cerdos…Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos” (v.15-16). Para los judíos es abominación la carne de los cerdos, pero el joven no solo cuidaba cerdos, sino que deseó lo que comían los cerdos a causa del hambre.

Cuerpo:

v.8-10. El sentir de Cristo es el mismo que debe haber en el creyente. Desde su lugar de morada, el tercer cielo, el Señor Jesús descendió a las partes más bajas de la tierra (v.9); lo podemos comprender mejor cuando se narra lo que hizo para salvarnos: “Siendo en forma de Dios, no estimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló así mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filp.2:5-8). Y así como se humilló (descendiendo a las partes más bajas de la tierra), “Dios lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre sobre todo nombre…de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Filp.2:9-11).

Es un llamado que se hace al creyente, en su entrega, dedicación y lealtad a Dios. Que así como Cristo se entregó, así debe el cristiano dedicarse a la obra de Dios.

v.7. Las habilidades humanas disponerlas para Dios. El cristiano entiende ahora que las habilidades que tiene, ahora lo debe usarlas para Dios: El que toca un instrumento musical, el que canta, el que sirve, etc. Como está escrito: “Y dio dones a los hombres” (v.8).

v.11-16. Los Ministerios. Cuyos propósitos son para: Perfeccionar a los santos para la obra. Para la edificación del cuerpo de Cristo y para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina errada (v.12-14). Es decir, además de nutrir al creyente en la fe y en el conocimiento de la voluntad de Dios, sean eficaces en realizar la obra de Dios.

Otro propósito es la Unidad de los miembros del cuerpo de Cristo: “De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor (v.16).

Conclusión:

La iglesia en la obra de Dios, debe realizarla en equipo, lo que nos muestra al final Pablo, es que en conjunto, cada quien en el privilegio de servir, haga su trabajo con una sola visión.

En la iglesia primitiva, vemos que al tocar un tema de lo que sería la convivencia entre judíos y gentiles, los líderes de la iglesia: Apóstoles y los ancianos (Hech.15:6); en conjunto tomaron una decisión para que la iglesia no tuviese contra tiempo en la evangelización (Hech.15:15-35).

Cada cristiano es responsable de guardar la unidad entre los miembros de la iglesia; tiene que guardar su compostura ante Dios y no permitir que en una situación controversial, tome decisiones que en vez de unir y edificar, venga a ser objeto de división.