LA SALVACION A TRAVÉS DE LA GRACIA

Efesios 2: 1-10

Introducción:

El apóstol Pablo enseña cómo opera la salvación de aquellos que: “Fueron escogidos antes de la fundación del mundo…predestinados para ser adoptados hijos de Dios” (1:4-5). Y, que se les ha dado una total victoria en Cristo (1:18-23).

La salvación opera a través de la gracia de Dios en Cristo: “Aun estando muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (Por gracia sois salvos) (v.5).

A los que él escogió para predestinarlos, los absolvió de sus pecados. Es el misterio que Dios reveló en estos tiempos de como salvaría a los hombres que estaban condenados por su pecado. Dios probó a los hombres por muchos siglos de que no podían por sí mismos salvarse: “Primero, a través de sus conciencias de saber el bien y el mal; luego los dio la ley para que la cumplieran y tampoco pudieron” (Rom.2:12-16).

Cuerpo:

v.1,6-7. Vueltos a la vida por Dios. Dios encerró todo bajo pecado, cuando dijo: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom.3:19-23). Entonces el hombre está muerto espiritualmente: “En delitos y pecados” (v.1). Y así como Lázaro fue resucitado físicamente, así el creyente fue resucitado espiritualmente: “Y él os dio vida a vosotros…juntamente con él (Con Cristo) nos resucitó, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (v.1,6-7).

Entonces, ¿La ley falló? No. Tenía su propósito:

  1. Mostrar a los hombres que por sí mismos, por su esfuerzo y sabiduría, no pudieron salvarse (Rom.10:1-5).
  2. La ley mostró que los hombres necesitaban una ayuda externa, un salvador; expuesta en los sacrificios de los animales.
  3. La ley nos llevó a Cristo: “El fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Rom.10:4. Leer v.1-5). Cristo vino a ser La Ofrenda de Dios por el Pecado: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn.1:29).

v.2-3. Por naturaleza hijos de ira. El hombre se corrompió quedando confinados al pecado: “…haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (v.3).

Influenciados y seducidos conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Recordemos que Satanás provocó la rebelión del hombre contra su Creador, y es hasta la fecha que el hombre sigue bajo esa influencia y dominio a través de su desobediencia, oponiéndose y menospreciando la palabra de Dios y su gracia.

v.8-10. La salvación a través de la gracia. No habiendo ningún mérito en el hombre para ser justificado, Dios le concede su gracia absolviéndolo de su delito y pecado. Y esto se recibe por la fe, que es dado también por Dios (como un regalo) para que tengamos acceso a su misericordia. La religión que no salva es aquella que quiere alcanzar la salvación por medio de las obras, es decir, hacer méritos para merecer la salvación. La verdadera religión es aquella que hace obras, no para merecer la salvación, sino como fruto de haber recibido la salvación. El hombre es salvo por gracia a través de los méritos de Cristo, que pagó el precio en su muerte expiatoria.

UNA TOTAL VICTORIA EN CRISTO

Efesios 1: 15-23

Introducción:

Después de haberles revelado el Plan de Salvación, en donde Dios: “Según el puro afecto de su voluntad” (v.5), de haber escogido al creyente: “Antes de la fundación del mundo” “Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos” (v.4-5); les hace ver la necesidad de: “Conocer las dimensiones de esa salvación que Dios ha dado al creyente en Cristo, quien nos salvó” (v.16-18).

Este conocimiento hace que el creyente pueda, con toda libertad, entregarse a Dios y a su obra, que si es posible, entregar su vida por la causa de Cristo como nos muestran los mismos apóstoles, que manifestaban, diciendo: “Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, más aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús” (Hech.21:13-14).

Cuerpo:

v.15-18. Fe y Amor en Cristo. Los hermanos de Éfeso eran un testimonio vivo de fe y amor en el Señor Jesús; y fue la causa por el cual Pablo oraba por ellos de: “Que Dios les revelara las riquezas de su gloria y la esperanza a que él los había llamado” (17-18).

La mayoría de los cristianos desean tener dichas revelaciones, que las puertas de los cielos se abran; sin embargo llevan una vida constante de incredulidad (dudan, no le creen a Dios), y esta actitud hace que tengan a Dios por mentiroso, esa es la gravedad del asunto. Y esto lleva a que tengan un amor superficial con los hermanos, acarreando raíces de amarguras y terminando en serias divisiones. La fe lleva a practicar la fraternidad, y como está escrito: “Cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Ecles.4:12).

v.18-20. Una herencia superior a la del mundo. Fue lo que Cristo conquistó para el creyente, en la cruz. Una herencia segura, la vida eterna: Ciudadanos de la patria celestial. Dios operó con su poder sin ningún límite al resucitar de los muertos al Señor Jesucristo; su resurrección, nos hace tener una esperanza segura.

v.20-23. La plenitud de Cristo. Él lo llena todo, pues está sobre todo principado, autoridad, poder y señorío; sobre todo nombre que se nombra, de tal manera que él lo llena todo. Los poderes que se levantan del mundo, influenciados por Satanás, siempre han procurado la eliminación del pueblo de Dios, y así como Israel han sobrevivido, así Dios también ha cuidado de los redimidos. Solo cuando el pueblo ha sufrido la muerte en la persecución, ha sido porque Dios lo ha permitido con propósito de que se cumpla todo lo que él ha determinado para el triunfo total y final de la Iglesia del Señor Jesús.

El sufrir estas persecuciones, no significa una derrota, pues para derrotar a la Iglesia del Señor Jesús, tienen que derrotar a su Salvador, y eso es imposible. La Biblia dice:

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Rom.8:37)

Conclusión:

Cuando el cristiano conoce lo que Dios ha hecho en su vida y lo que le ha dado, tiene la fuerza y el ánimo de servir y honrar a Dios no importando las circunstancias adversas que esté atravesando. Los mártires de la Iglesia Primitiva dieron un gran ejemplo y lección a los verdugos de su época, y al no entender esa disposición de no solo ser encarcelados, o encadenados y azotados, también estaban dispuestos a morir por la causa de Cristo, sabiendo que lo que le esperaba era mejor y superior a la vida de este mundo.

Pero la mayoría no tienen esa fuerza ni ese ánimo, porque no se interesaron en conocer el propósito de Dios, ni tampoco el propósito de la cruz, la cual menosprecian con sus hechos y acciones.

EL CREYENTE EN LA MENTE DE DIOS DESDE ANTES DE LA FUNDACION DEL MUNDO

Efesios 1: 3-14

Introducción:

En el tema anterior habíamos hablado del propósito de la carta a la iglesia, que era para alentarla a fortalecer la fe para proseguir en el propósito de Dios.

Ahora, empieza con un tema, que no debería ser controversial: La predestinación. Es la base que ocupa el apóstol Pablo para decirnos que, Dios: “Nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (v.3).

El cristiano ha recibido una salvación segura, debido al sacrificio expiatorio, perfecto y eficaz realizado por nuestro Señor Jesucristo: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (v.7).

El creyente debe saber y estar seguro que su salvación no dependió de él en sí, ni es de pura casualidad, sino: “Según su beneplácito (de Dios), el cual se había propuesto así mismo, de reunir todas las cosas en Cristo” (v.9-10).

Cuerpo:

v.11. Predestinados conforme al propósito y según su voluntad. Según el verso 11. Dios marcó al creyente con un final ya definido: Para ser herencia de él y para tener herencia de  la vida eterna. De tal manera, que el apóstol Pablo dice en la carta a los romanos: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? ¿Quién es el que condenará?  ¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo? “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. Y por eso, nos dice: “Por lo cual estoy seguro que ni la muerte, ni ángeles, ni potestades, ni ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús” (Rom.8:33-39).

v.4-5. Escogidos y predestinados para alabanza de su gloria. Aquí se revela el plan y el propósito de Dios:

v.4-Nos escogió para que fuésemos santos y sin mancha, es decir, un pueblo apartado para Dios, un pueblo especial y distinto a los demás pueblos.

v.5-Habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos, es decir: De una criatura que se extravió a un lugar que no le correspondía (advenedizo), fuimos rescatados y adoptados al lugar que ahora gozamos. Por medio de Jesucristo, es decir, gracias a la oportuna intervención de Cristo, que nos compró con su sangre al ofrecerse en el sacrificio; según el puro afecto de su voluntad. Dándonos el gozo de la vida eterna, siendo nuestra muerte, si esta llegara, una transición a la eternidad.

v.6-10, 12. Para su gloria. Todo esto, para ubicarnos en un alto privilegio delante de la presencia de Dios: No para ser sus bayonetas, sino para darnos un lugar alto de privilegio, el venir a ser para la alabanza de su gloria (V.12).

Satanás comprendió lo que Dios había dado a los hombres, y en su celo egoísta, su envidia llevó a que la corona de la creación de Dios fuese ensuciada y contaminada por el pecado; engañando a Eva y a Adán de que comiendo del fruto del árbol, serían como su Creador, es decir, como Dios. ¿En qué pecaron? En concebir, por engaño de Satanás, que Dios es mentiroso y por ende, se rebelaron contra él, creyéndole a Satanás; despojándolos así de su alto privilegio que tenían entonces dentro de la creación (Gén.3:10-11. Leer desde el verso 1 hasta el verso 15).

Por eso vino Cristo, para que el hombre fuese reivindicado, de venir a ser un advenedizo, fuese rescatado y salvado. Para que tuviese ese grado de honor de venir a ser alabanza de la gloria de Dios, como está escrito:

“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?

 “Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra” (Salmo 8:4-5, 3).

v.13-14. Sellados y garantizados para nuestra herencia eterna. El Espíritu Santo, en su papel que juega dentro de la salvación del hombre, también  fue dado al creyente como una garantía (Las arras) y como propiedad (Al ser sellados) de que somos de Dios y herederos de la vida eterna. En el camino ¿podemos perder lo que se nos heredó? No; pues, dice: “De nuestra herencia hasta la redención de la posición adquirida, para alabanza de su gloria” Esto lo garantiza el sello y las arras, es decir, el Espíritu Santo en la vida del creyente.

Con mucha propiedad nos habla el apóstol Juan sobre los que se extravían en Cristo, al decir: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1Juan 2:19) O el caso de Judas, que dice las Escrituras: “Y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la escritura se cumpliese” (Juan 17:12 Leer: Hechos 1:25).

LAS BASES PARA FORTALECER LA FE DEL CREYENTE

Efesios 1: 1-2

Introducción:

La carta del apóstol Pablo a los Efesios, lleva un contenido de tipo pastoral; es la de fortalecer la fe de los miembros de las iglesias de Cristo que estaban a su alrededores (las iglesias en Asia). Dos detalles importantes:

  1. Una carta de aliento. Las iglesias sufrían la hostilidad y la persecución de las personas y de las autoridades; Pablo los alienta a continuar firmes en su llamamiento y propósito, no olvidando su carácter e identidad como creyentes que forman el cuerpo de Cristo.
  2. Mantener su significado de ser parte de la iglesia de Jesucristo, llamando a la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz: Un cuerpo, un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo y un Dios (Efes.4:3-6. Leer del v.1 al v.7).
  3. Una sólida iglesia. Para que pueda cumplir los propósitos de Dios (Efes.4:16).

Cuerpo:

v.1-a. Comisionado a la administración de los gentiles. Pablo había sido y era la persona de llevar el evangelio de Cristo a los gentiles como también, de levantar obras (iglesias) en el mundo gentil. Por ello el encabezado de su carta de identificarse: “Apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios”. Elegido por Cristo como una autoridad en la iglesia gentil, de acuerdo a la voluntad y propósito de Dios el Padre.

v.1-b. Los santos. En el carácter de identidad y no de conducta; los que fueron apartados del pecado y del mundo incrédulo a través de la gracia de Dios, al más alto privilegio de ser llamados hijos de Dios: “A los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn.1:12). Esto no excluye el llamado de ser santos cada día, es decir, de apartarnos cada día de las obras del pecado y la del mundo: “El que es santo, santifíquese todavía” (Apoc.22:11).

v.1-c. Los fieles. Los que han permanecidos leales a Dios en: Palabras, acciones y relación con los hermanos; como una expresión de fe (activa y viva) en Dios.

El resultado de esa fidelidad es la capacidad de ser constantes con el compromiso de Dios y con su obra; capacidad de poder cumplir el propósito de Dios, y que se cumpla en nosotros también.

v.2-a. La Gracia. Recibida de parte de Dios; en el cual se debe crecer cada día, brillando para la gloria de él. La gracia, es un don que no merecíamos recibir, pero la misericordia de Dios lo hizo posible a través de su Hijo Jesucristo.

v.2-b. La Paz. Fuimos reconciliados con Dios, el pecado nos alejó de él haciéndonos enemigos. Vivimos mucho tiempo alejados de él en una plena rebelión, pero en Cristo fuimos reconciliados. Resta pues, crecer en la gracia, cultivando nuestra fe, la fraternidad entre los hermanos, perdonándonos agravios y ofensas, evitando raíces de amarguras en nuestros corazones.

Conclusión:

Estos principios son los que sostendrán como creyentes y como la iglesia de Cristo, siendo luz a las naciones, testimonios vivos del poder y del amor a Dios: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los uno con los otros” (Jn.13:35).

DIOS CONOCE LOS PENSAMIENTOS Y LO OCULTO DEL CORAZON

1Crónicas 28:4-5, 9-10

Introducción:

Habíamos señalado que la promesa de un reino estable y perdurable a Salomón, era condicional (v.5-7). Su padre David le exhortó a que sea íntegro ante Dios, y que le sirva de una manera voluntaria; es decir, sin fingimiento, ni por obligación ni forzado.

Debemos pensar que a nadie le gustaría ni le agradaría que le sirvan de esa manera, sino con disposición y amor.

Cuerpo:

v.4-5. Alcanzados por la gracia de Dios. Empezando con el pueblo de Israel, de esa nación, se eligió a la tribu de Judá y de ella la casa de Isaí de donde fue llamado David para ser el rey; y de entre los hijos de él, fue elegido Salomón. Todos llevan una distinción: La Gracia de Dios.

Gracia que ahora, nos alcanzó a nosotros los redimidos a través del Señor Jesucristo; con el mismo propósito que fueron llamados los antes descritos, de ser testimonios vivos de la Gracia, Misericordia y Amor de Dios, ahora manifestado a través de su Hijo Jesús, nuestro Salvador. Qué bueno y sano a la vez, mantener en el corazón esa verdad de Dios. Por eso Dios no se avergonzó de dar testimonio de ellos, y ahora, Jesús, de: “Llamarnos hermanos” (Heb.2:11).

v.9. Dios conoce lo oculto del corazón del hombre. ¡Qué insensatez! Mayormente en muchos cristianos, pretender esconder ante Dios, sus pensamientos malos hacia el prójimo y de fingir amor. Dice el rey David, que: “Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos”. Por eso, David exhorta a su hijo Salomón a que: “Reconozca a Dios, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario”.

David, no solo tuvo experiencias preciosas con Dios, sino también experiencias amargas al actuar y pecar contra Dios: Uno de ellos fue al ser descubierto su adulterio y homicidio sobre uno de sus soldados fieles. Pagó un alto precio de dolor y vergüenza.

PROCURANDO CON DILIGENCIA EMPRENDER LAS COSAS DE ACUERDO A LA VOLUNTAD DE DIOS

1Crónicas 24: 6-7; 25:8; Prov.16:33

Introducción:

Esta forma de echar suerte para determinar qué persona puede ser asignada a algún privilegio de servir o también para la toma de una decisión en algún asunto importante, en las Escrituras pareciera extraña. Pero esto sucede cuando en ambos casos existen más de una persona o más de una propuesta, entonces se echaba suerte, en el sentido de que fuese Dios el que permitiera tal asignación o toma de decisiones.

Dios le ha dado capacidad a los que le sirven en la obra, de conocimiento para elegir o tomar decisiones; pero hay momentos, como lo que se nos muestras en estos capítulos 24, 25 y aún capítulo 26, en donde había una cantidad de personas para ocupar privilegios en donde se necesitó echar suerte para que las designaciones se hiciesen de una manera justa, en donde quedaba a voluntad de Dios los asuntos.

Cuerpo:

v.6-7. Levitas designados por familias. David al formar las tareas a realizar en el servicio hacia Dios, reunió a todos los que estaban designados para tales cargos: Levitas y sacerdotes, de acuerdo  a lo establecido por Dios a través de Moisés.

El problema era que las descendencias se habían multiplicado: La descendencia de Leví, de Aarón y de Sadoc. Quienes serían los principales, los jefes y los privilegios a fungir. Y la única manera fue, al ordenar las familias, desde los que eran jefes de familias hasta el último, el echar suerte: “Designando por suerte una casa paterna para Eleazar, y otra para Itamar. La primera suerte tocó a Joiarib”.

Esto hizo que nadie se sintiera marginado o que haya preferencia en alguna persona. Que todos se sintieran satisfecho de las designaciones otorgadas. Al establecer este orden, todos servirían en la obra de Dios, y solo quedaba el esperar el tiempo en que les tocaría el día. Se calcula que cada dos o tres años, volvían a servir, según el orden.

v.25:8. Se ora al momento de echar suerte. Para que las cosas se dieran de acuerdo a la voluntad de Dios, se ora pidiendo la dirección y la voluntad de Dios, si bien, en estos capítulos no se refleja y solo se enseña que se realizó: “Y echaron suertes para servir por turnos”. Sin embargo en el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando se eligió al que iba a sustituir a Judas en el apostolado. Habían dos personajes que calificaban en los requisitos necesarios para ocupar el cargo (Hech.1:21-23). Y como en el cargo, solo se necesitaba a uno, entonces se echó suerte, sin antes orar a Dios: “Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has elegido para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión…Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles” (Hech.1:24-26).

Esto forma de echar suerte, era parecido a los objetos que llevaban en el pectoral los sumos sacerdotes: El Urim y Tumim, cuyo significado eran: Luz y perfección. Cuando se iba a tomar una decisión importante, entonces se usaban (Éxd.28:30y Núm.27:21-23).

EN DIOS NO HAY VARIACION

(La fe en un Dios perfecto)

1Crónicas 22: 9-13 (17:11-15,17)

Introducción:

David hizo preparativos para que su hijo Salomón edificara el templo, la casa de Jehová. Cuando David procuró edificarle casa a Dios, él se lo impidió a causa de haber sido un guerrero y por ende había derramado mucha sangre; por esto, Dios le prometió que su hijo Salomón lo haría.

Esa promesa vino con profecía: a) Le nacería un hijo y le llamaría Salomón, porque sería un varón de paz. b) Se le profetizó un reino que perduraría si él se mantenía en el temor de Dios, siendo una promesa condicional.

La segunda promesa, sería proféticamente sobre el Mesías. Del linaje de él, saldría un rey justo y que su reino sería eterno. Una promesa incondicional. Siglos después aparecería el Mesías, nuestro Señor Jesucristo.

En conclusión, en la promesa profética hecha al hijo de David, una era condicional y la segunda sería incondicional.

 Es importante esta aclaración porque aparentemente, la promesa falló, pues Salomón pecó y en su hijo, nieto de David, el reino se dividió y fueron llevados, más tarde, a la esclavitud. 70 años después de esa esclavitud, solo una parte regresó, la tribu de Judá con la tribu de Benjamín y algunos de Israel. Este último se fue a la diáspora, mayormente en parte de Europa. El apóstol Pablo habló además de ir a Roma ya encarcelado, de ir también a España (Rom.15:24,28). A pesar que fue llamado a predicarles el evangelio a los gentiles, siempre pensó en su pueblo y cuando llegaba a una ciudad, no dejó de predicarles a los judíos.

Cuerpo:

v.9-10. Una promesa sujeto a requisitos. Dios prometió a David que el reino de su hijo Salomón sería firme: “Siempre que él guardara la ley, los estatutos y decretos de Jehová” (v.12-13). Entonces la promesa fue dada condicionalmente, de lo contrario al dividirse el reino en su hijo (nieto de David) y luego desaparecer el reino no solo hasta los tiempos del Señor Jesús, sino hasta el día de hoy, entonces diríamos que la promesa falló o simplemente hubo alguna variación en Dios. Pero sabemos que no; ni tampoco que Dios se haya cansado de las prevaricaciones de su pueblo elegido. Sino que su propósito continúa firme, sin ninguna variación, porque Dios es perfecto, es Dios y no humano.

Cap.17:11-15,17. Una promesa incondicional. Con relación al reino del Mesías, cuyo linaje viene del rey David, luego Salomón; el reino es eterno, independientemente que fallarán los reyes descendientes de David. Pues se trata del rey Mesías, del Salvador del mundo.

Con ese propósito Dios eligió al pueblo de Israel, para que de él se confirmara la venida y aparición del Mesías. El libro de Apocalipsis habla de Israel, que todo el tiempo Satanás procuró que no apareciera el Mesías, destruyendo al pueblo de la promesa. La identifica con la mujer que está a punto de dar a luz: “Una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Apoc.12:1-2, 3-17). Esa descripción de la mujer, es basada a los sueños de José, según: Gén.37:9-11.

En este cap.17, como del cap.22, habla de la promesa del Mesías, del reino del Mesías, que antes de establecerlo, realizaría la expiación del pecado, tanto del pueblo de Israel, como de los que iban a ser injertados, los gentiles redimidos, según: Isa.52:13-15; cap.53.

Vemos pues que dos veces se ha interpretado que la promesa falló:

-Al desaparecer el reino de Israel hasta el día de hoy.

-En Jesucristo, que según los judíos, si él fuese el Mesías, no hubiese muerto.

Sin embargo, las Escrituras nos señalan:

  • La promesa ha Salomón, fue condicional.
  • La promesa sobre el Mesías, fue incondicional.
  • La muerte de Cristo, fue necesario antes de estableciese el reino. Sí, murió, pero resucitó al tercer día, pues él es el Hijo de Dios, es Dios. Y así como él permanece para siempre, así será su reino. Cumpliendo así la promesa hecha a David.

Conclusión:

Como vemos, en Dios no existe cambio de parecer, sino que su propósito tendrá su cumplimiento independientemente toda oposición y ataque que sufra su promesa y también, independientemente los hombres hayan fallado.

Confiemos en sus promesas hechas por medio de su palabra, la Santa Biblia, como lo afirmó Pablo al decir, confesando: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2Tim.1:12).