LA UNIDAD DE LOS MIEMBROS DEL CUERPO DE CRISTO

Efesios 4: 7-16

Introducción:

Esta profecía del verso 8 es aplicada a los acontecimientos del lugar donde fue Cristo en su muerte: “En el cual también predicó a los espíritus encarcelados” (1Pe.3:18-20). Recordemos que el Señor Jesucristo hizo mención del Hades en donde existían dos sitios Luc.16:19-31: “El seno de Abraham (v.22), y el lugar de tormento (v.24). Estos dos lugares los separaba una gran sima (v.26).

Entonces, el lugar a donde fue Cristo, es al Seño de Abraham, en donde estaban los justos que creyeron a Dios y sus promesas, una de ellas, la manifestación del Mesías; no solo les anunció el cumplimiento de la promesa, sino que los traslado al lugar en donde Pablo llamó: El paraíso: “Conozco a un hombre en Cristo…fue arrebatado hasta el tercer cielo…que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables…de tal hombre me gloriaré” (2Cor.12:2-5).

Entonces, prosigue Pablo en la epístola a los Efesios, diciendo: “…Había descendido a las partes más bajas de la tierra” (v.9).

Sin embargo, Pablo aplica esta profecía de los salmos, a la caída degradante de la humanidad, a lo más bajo que puede caer en el pecado el hombre. Esto lo podemos apreciar en la narración del Hijo Pródigo en: Luc.15:11-32: El Señor Jesús narra como el joven llegó al punto de: Apacentar a los cerdos…Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos” (v.15-16). Para los judíos es abominación la carne de los cerdos, pero el joven no solo cuidaba cerdos, sino que deseó lo que comían los cerdos a causa del hambre.

Cuerpo:

v.8-10. El sentir de Cristo es el mismo que debe haber en el creyente. Desde su lugar de morada, el tercer cielo, el Señor Jesús descendió a las partes más bajas de la tierra (v.9); lo podemos comprender mejor cuando se narra lo que hizo para salvarnos: “Siendo en forma de Dios, no estimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló así mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filp.2:5-8). Y así como se humilló (descendiendo a las partes más bajas de la tierra), “Dios lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre sobre todo nombre…de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Filp.2:9-11).

Es un llamado que se hace al creyente, en su entrega, dedicación y lealtad a Dios. Que así como Cristo se entregó, así debe el cristiano dedicarse a la obra de Dios.

v.7. Las habilidades humanas disponerlas para Dios. El cristiano entiende ahora que las habilidades que tiene, ahora lo debe usarlas para Dios: El que toca un instrumento musical, el que canta, el que sirve, etc. Como está escrito: “Y dio dones a los hombres” (v.8).

v.11-16. Los Ministerios. Cuyos propósitos son para: Perfeccionar a los santos para la obra. Para la edificación del cuerpo de Cristo y para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina errada (v.12-14). Es decir, además de nutrir al creyente en la fe y en el conocimiento de la voluntad de Dios, sean eficaces en realizar la obra de Dios.

Otro propósito es la Unidad de los miembros del cuerpo de Cristo: “De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor (v.16).

Conclusión:

La iglesia en la obra de Dios, debe realizarla en equipo, lo que nos muestra al final Pablo, es que en conjunto, cada quien en el privilegio de servir, haga su trabajo con una sola visión.

En la iglesia primitiva, vemos que al tocar un tema de lo que sería la convivencia entre judíos y gentiles, los líderes de la iglesia: Apóstoles y los ancianos (Hech.15:6); en conjunto tomaron una decisión para que la iglesia no tuviese contra tiempo en la evangelización (Hech.15:15-35).

Cada cristiano es responsable de guardar la unidad entre los miembros de la iglesia; tiene que guardar su compostura ante Dios y no permitir que en una situación controversial, tome decisiones que en vez de unir y edificar, venga a ser objeto de división.

DILIGENTES EN PRESERVAR LA UNIDAD DE LA IGLESIA

(El creyente sujeto al Espíritu Santo)

Efesios 4: 1-7

Introducción:

El apóstol Pablo señaló que el creyente tiene su identidad y vocación en Cristo:

-Al ser reconciliados: “De dos pueblos, hizo un solo pueblo, para venir a ser la familia de Dios (v.2:4,19).

-Somos un cuerpo, llamado: La iglesia de Cristo (v.1:22-23).

-Vocación, el llamamiento de realizar la obra de Dios: “Id y haced discípulos a todas las naciones” (Mat.28:19-20).

Cuando el creyente entiende cuál es su posición y objetivo entonces, podrá ser el instrumento de justicia en el propósito de Dios.

Cuerpo:

v.3. Diligentes en la unidad del cuerpo de Cristo. Recordemos que cada miembro de un cuerpo, es distinto y diferente en sus funciones. Sin embargo, ninguno hace lo que quiere, sino que: “Funciona coordinado y ordenado cumple su objetivo de ser un cuerpo perfecto. Cada miembro es llamado a trabajar en esa unidad, obedeciendo la cabeza, que es Cristo, a través de la palabra de Dios. Ejemplo: El centurión romano al concebir la fe: Da la orden y mi siervo sanará. Y expresó que él era un hombre sujeto a autoridad y tenía a hombres bajo su autoridad: “A este digo ve, y va; a otro: Ven, y viene.

Nosotros estamos bajo autoridad en Cristo, bajo el Espíritu Santo, quién es el que nos une y nos coordina. Mientras estemos sujetos al Espíritu Santo, funcionaremos perfectos como un cuerpo.

v.4-6. Una sola visión. Como somos diferentes, todos tenemos pensamientos distintos, pero en Cristo, no vamos a seguir lo que cada uno piensa, pues esto llevaría a una contienda y división; sino que vamos a seguir la voluntad y propósito, en este caso, del Espíritu Santo, como está escrito: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (v.7). Es decir, se nos dieron habilidades, las cuales debemos ponerlos al servicio de Dios. Entonces, nuestros pensamientos sujetos a los pensamientos del Espíritu Santo: “Un cuerpo, y un Espíritu…una misma esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y en todos”.

v.2. Los frutos de la fe. Todos en obediencia a los principios de Dios: “Con toda humildad”: Como Cristo nos enseñó con su ejemplo, que, siendo Señor, sirvió a los demás obedeciendo el propósito de su Padre.

“Mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. El ser manso es todo lo contrario a ser odioso; es ser bondadoso en el trato con los demás.

“Paciencia”, En ayudarse unos a otros. No crea un grupo para dividir, sino para edificar. Viene a ser como un amigo.

LLAMADO A SER CAPACES DE COMPRENDER EL AMOR DE DIOS

Efesios 3: 14-21

Introducción:

La palabra de Dios dice que: “En el barbecho de los pobres hay mucho pan; más se pierde por falta de juicio” (Prov.13:23) y, “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6).

No porque Dios no les haya revelado su palabra en abundancia, sino como resultado de falta de interés, de esfuerzo y dedicación con Dios y su obra.

Proverbio lo que manifiesta es: ¿Cómo es posible que estando en un terreno productivo, no haya iniciativa, esfuerzo y dedicación para sembrar y obtener los frutos? ¡Hay abundancia de pan! Es decir, Dios ha sido amplio y abundante en su amor para revelarnos todo lo necesario para que nos levantemos y tengamos éxito: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia (Dijo el Señor Jesús) (Jn.10:10).

Por eso dice el Señor en Oseas: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Os.4:6).

Deje de echarle la culpa de su fracaso a los demás. El apóstol Pablo dice que: “Por esta causa doblo mis rodillas” Para que la familia de Dios (Siendo nuestro Dios, el Padre), se fortalezca con la fuerza del Espíritu Santo en la fe de Cristo (v.14-17).

Los dos primeros cap. Pablo se ocupó de establecer una gran parte de la Sana Doctrina, de como Dios se ocupó de nosotros los creyentes dándonos la salvación y la vida eterna. Para que dejemos de ser inconstantes y poder vivir y caminar como los hombres que dejaron huellas de su fe en Dios.

En este cap.3, finaliza glorificando a Dios: “Y Aquél que es poderoso… A él sea la gloria en la iglesia (En la familia de Dios) en Cristo Jesús (v.20-21).

Resta, pues, que el creyente llegue a conocer a plenitud el amor de Dios en su Hijo Jesucristo.

Cuerpo:

v.14-17. Oración por la familia de Dios. Los creyentes de ayer, de hoy y los de mañana, es decir, la iglesia (v.21):

a- Sean fortalecidos en la guianza y en el poder del Espíritu Santo. A través de su poder y su guianza a través de la palabra de Dios, viene a fortalecer espiritualmente al creyente (v.16).

b- Con el fin de que: “Habite plenamente Cristo en nuestras vidas” Enraizados en la fe, en una plena confianza (v.17).

v.18-19. Capaces de comprender. El amor de Cristo, un amor sacrifical al ofrecer su vida por todos nosotros. Para ser llenos de la plenitud de Dios, al darnos de su gracia, perdonando nuestros pecados al darnos a su Hijo Jesús en sacrificio para que fuésemos salvos:

Anchura. El amor de Dios en nuestro diario vivir. Que no exista en nosotros egoísmo, envidia y codicia. Que lo que gobierne en nosotros sea el Amor de Dios y no la maldad en nuestros corazones.

Longitud. Que nuestras acciones y actitudes evidencien que, lo que hay en nuestros corazones, es el amor de Dios: Comprensión, bondad y misericordia.

Profundidad. Que el desaliento, la desesperación y la muerte; no contamine ni dañe el amor de Dios que hay en nuestros corazones.

Altura. Que haya integridad, sin aislarse de los demás, sin permitir que el sol permanezca sobre nosotros (Que no haya raíces de amarguras); sino que haya júbilo siempre en nuestros corazones, alabando y glorificando a Dios, que es parte del culto en la congregación.

Conclusión:

Esfuércese, entréguese, trabaje a diario su relación con Dios hasta perfeccionarlo. Recuerde: En el barbecho de los pobres hay mucho pan; no deje que se pierda por falta de juicio (Prov.13:23)

UNA GRAN MISION EN MANOS MENOS INDICADAS

Efesios 3: 1-13

Introducción:

El apóstol Pablo se identifica así mismo como: “Prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles” (v.1). Nos hace pensar que la epístola fue escrita y enviada desde Roma, en donde Pablo se encontraba bajo prisión (casa por cárcel). No culpa a los gentiles de estar pasando esa situación difícil, sino que recuerda su llamamiento, que su ministerio fue dado para llevar el evangelio al mundo gentil.

A pesar de estar en prisión, en espera de un juicio del cual recibe la condena de pena de muerte.

El apóstol, en vez de ver su condicion de forma negativa, la ve como un alto privilegio, una gloria, pues estaba por la causa de Cristo. Esto revela su confianza en Dios: “Que Dios tiene el control de todas las cosas” Por lo cual pide al creyente, a la iglesia que no desmaye (v.12-13).

Cuerpo:

v.2-7. La mayordomía. Pablo expresa, que su llamamiento y como recipiente de la revelación del misterio de Dios para darlo a conocer, lo ha hecho con responsabilidad y compromiso, aún en las circunstancias adversas, como las que él pasó a causa de la predicación del evangelio y de su estado actual: “La administración de la gracia de Dios que me fue dada para vosotros” (v.2,4-7). Todo ministro, está en la obligación de desarrollar su mayordomía con responsabilidad y compromiso: “Porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (Heb.13:17). Pablo como apóstol, se exigía así mismo al expresar: ¡Ay de mí sino anunciara el evangelio! Porque me es impuesta necesidad” (1Cor.9:16).

v.8-11. La persona menos indicada para una gran misión. Así se expresa el apóstol, y que sin el respaldo de Dios, no hubiese podido cumplir tal misión. Aun, en su predicación, tenía eco en los lugares celestiales (v.10-11). El Señor Jesucristo dijo, que: “Los ángeles ven siempre el rostro de mi Padre” (Mat.18:10). Muchos ministros se han llenado de soberbia en sus corazones, que se han olvidado que fueron llamados, no porque Dios los necesitaba, no porque tuviesen méritos; sino que fueron llamados según la bondad y misericordia de Dios, como está escrito:

“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios…y lo débil del mundo…y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Más por él estáis en Cristo Jesús” (1Cor.1:26-31).

CRISTO NUESTRA PAZ, EL MENSAJE DE LA RECONCILIACION CON DIOS

Efesios 2: 11-22

Introducción:

El apóstol Pablo habla de la reconciliación de dos pueblos, que solo fue y es posible con Cristo. Los judíos sabios, en su orgullo de ser una nación escogida por Dios de entre los demás pueblos y de gozar de sus leyes (Pacto en la circuncisión), menospreciaban y despreciaban a las naciones gentiles que eran: “Ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (v.12). Y por estar sumidos en sus propias sabidurías, idolatría y en la vanidad de este mundo,  menospreciaban igualmente a los judíos; así, dos pueblos imposibles de juntar, enemistados. Pero en Cristo fue e hizo posible dicha reconciliación: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (v.14).

Cuerpo:

v.13-16. Aboliendo las enemistades. Cristo lo hizo posible mediante la cruz, al reconciliarnos, en primer lugar, con Dios. Todos, judíos y gentiles, estábamos enemistados con Dios, éramos, a causa del pecado, enemigos de Dios, pero ahora en Cristo: “Tenemos paz para con Dios” (Rom.5:1). En segundo lugar, vino a reconciliar dos pueblos: “Para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (v.15). La sangre derramada de Cristo en la cruz, es pura y poderosa, de tal manera que: “Aboliendo en su carne las enemistades” (v.15). La iglesia primitiva, que empezó a llenarse con miembros judíos, más adelante, vemos a la iglesia, congregándose, en igual número, tanto judíos como gentiles en un mismo edificio.

¿Y qué decir entre los mismos gentiles? Familias enemistades, se reconciliaban al ser impactadas sus vidas por Jesucristo, hasta el día de hoy.

v.17-20. La obra de reconciliación del Espíritu Santo. Ahora, dice el apóstol Pablo, ambos pueblos: “Tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (v.18). ¿Cómo opera el Espíritu Santo en la reconciliación? Tenemos el ejemplo en el apóstol Pedro y el centurión romano Cornelio: Hechos 10: Los dos guiados a reunirse a través de una visión, que es la obra del Espíritu Santo. Primero, la visión viene al centurión, en donde en visión, ve un ángel quien le ordena mandar a traer a Pedro para que recibiese el mensaje de salvación: “Él te dirá lo que es necesario que hagas” (v.6). Luego, recibe en visión Pedro, el llamado de ir a la casa del centurión (v.9-17, 19-20). Cuando llegó Pedro, fue recibido por Cornelio y: “Hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido” (v.27). Así opera el Espíritu Santo; pero muchos han fracasado y se han frustrado para lograr esto, porque no obedecen al Espíritu Santo quien nos guía a través de la palabra de Dios.

v.19-22. Sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. La palabra de Dios es fundamental, no solamente tenemos la guianza del Espíritu Santo, sino también, como una herencia, a través de los apóstoles y profetas, nos ha sido dada la palabra, la revelación del conocimiento de Dios. A ellos les fue revelado, lo que posteriormente el apóstol Pablo llama: “Aclarar a todos cual sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios…sea dada a conocer por medio de la iglesia” (Efes.3:9-10).

LA SALVACION A TRAVÉS DE LA GRACIA

Efesios 2: 1-10

Introducción:

El apóstol Pablo enseña cómo opera la salvación de aquellos que: “Fueron escogidos antes de la fundación del mundo…predestinados para ser adoptados hijos de Dios” (1:4-5). Y, que se les ha dado una total victoria en Cristo (1:18-23).

La salvación opera a través de la gracia de Dios en Cristo: “Aun estando muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (Por gracia sois salvos) (v.5).

A los que él escogió para predestinarlos, los absolvió de sus pecados. Es el misterio que Dios reveló en estos tiempos de como salvaría a los hombres que estaban condenados por su pecado. Dios probó a los hombres por muchos siglos de que no podían por sí mismos salvarse: “Primero, a través de sus conciencias de saber el bien y el mal; luego los dio la ley para que la cumplieran y tampoco pudieron” (Rom.2:12-16).

Cuerpo:

v.1,6-7. Vueltos a la vida por Dios. Dios encerró todo bajo pecado, cuando dijo: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom.3:19-23). Entonces el hombre está muerto espiritualmente: “En delitos y pecados” (v.1). Y así como Lázaro fue resucitado físicamente, así el creyente fue resucitado espiritualmente: “Y él os dio vida a vosotros…juntamente con él (Con Cristo) nos resucitó, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (v.1,6-7).

Entonces, ¿La ley falló? No. Tenía su propósito:

  1. Mostrar a los hombres que por sí mismos, por su esfuerzo y sabiduría, no pudieron salvarse (Rom.10:1-5).
  2. La ley mostró que los hombres necesitaban una ayuda externa, un salvador; expuesta en los sacrificios de los animales.
  3. La ley nos llevó a Cristo: “El fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Rom.10:4. Leer v.1-5). Cristo vino a ser La Ofrenda de Dios por el Pecado: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn.1:29).

v.2-3. Por naturaleza hijos de ira. El hombre se corrompió quedando confinados al pecado: “…haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (v.3).

Influenciados y seducidos conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Recordemos que Satanás provocó la rebelión del hombre contra su Creador, y es hasta la fecha que el hombre sigue bajo esa influencia y dominio a través de su desobediencia, oponiéndose y menospreciando la palabra de Dios y su gracia.

v.8-10. La salvación a través de la gracia. No habiendo ningún mérito en el hombre para ser justificado, Dios le concede su gracia absolviéndolo de su delito y pecado. Y esto se recibe por la fe, que es dado también por Dios (como un regalo) para que tengamos acceso a su misericordia. La religión que no salva es aquella que quiere alcanzar la salvación por medio de las obras, es decir, hacer méritos para merecer la salvación. La verdadera religión es aquella que hace obras, no para merecer la salvación, sino como fruto de haber recibido la salvación. El hombre es salvo por gracia a través de los méritos de Cristo, que pagó el precio en su muerte expiatoria.

UNA TOTAL VICTORIA EN CRISTO

Efesios 1: 15-23

Introducción:

Después de haberles revelado el Plan de Salvación, en donde Dios: “Según el puro afecto de su voluntad” (v.5), de haber escogido al creyente: “Antes de la fundación del mundo” “Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos” (v.4-5); les hace ver la necesidad de: “Conocer las dimensiones de esa salvación que Dios ha dado al creyente en Cristo, quien nos salvó” (v.16-18).

Este conocimiento hace que el creyente pueda, con toda libertad, entregarse a Dios y a su obra, que si es posible, entregar su vida por la causa de Cristo como nos muestran los mismos apóstoles, que manifestaban, diciendo: “Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, más aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús” (Hech.21:13-14).

Cuerpo:

v.15-18. Fe y Amor en Cristo. Los hermanos de Éfeso eran un testimonio vivo de fe y amor en el Señor Jesús; y fue la causa por el cual Pablo oraba por ellos de: “Que Dios les revelara las riquezas de su gloria y la esperanza a que él los había llamado” (17-18).

La mayoría de los cristianos desean tener dichas revelaciones, que las puertas de los cielos se abran; sin embargo llevan una vida constante de incredulidad (dudan, no le creen a Dios), y esta actitud hace que tengan a Dios por mentiroso, esa es la gravedad del asunto. Y esto lleva a que tengan un amor superficial con los hermanos, acarreando raíces de amarguras y terminando en serias divisiones. La fe lleva a practicar la fraternidad, y como está escrito: “Cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Ecles.4:12).

v.18-20. Una herencia superior a la del mundo. Fue lo que Cristo conquistó para el creyente, en la cruz. Una herencia segura, la vida eterna: Ciudadanos de la patria celestial. Dios operó con su poder sin ningún límite al resucitar de los muertos al Señor Jesucristo; su resurrección, nos hace tener una esperanza segura.

v.20-23. La plenitud de Cristo. Él lo llena todo, pues está sobre todo principado, autoridad, poder y señorío; sobre todo nombre que se nombra, de tal manera que él lo llena todo. Los poderes que se levantan del mundo, influenciados por Satanás, siempre han procurado la eliminación del pueblo de Dios, y así como Israel han sobrevivido, así Dios también ha cuidado de los redimidos. Solo cuando el pueblo ha sufrido la muerte en la persecución, ha sido porque Dios lo ha permitido con propósito de que se cumpla todo lo que él ha determinado para el triunfo total y final de la Iglesia del Señor Jesús.

El sufrir estas persecuciones, no significa una derrota, pues para derrotar a la Iglesia del Señor Jesús, tienen que derrotar a su Salvador, y eso es imposible. La Biblia dice:

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Rom.8:37)

Conclusión:

Cuando el cristiano conoce lo que Dios ha hecho en su vida y lo que le ha dado, tiene la fuerza y el ánimo de servir y honrar a Dios no importando las circunstancias adversas que esté atravesando. Los mártires de la Iglesia Primitiva dieron un gran ejemplo y lección a los verdugos de su época, y al no entender esa disposición de no solo ser encarcelados, o encadenados y azotados, también estaban dispuestos a morir por la causa de Cristo, sabiendo que lo que le esperaba era mejor y superior a la vida de este mundo.

Pero la mayoría no tienen esa fuerza ni ese ánimo, porque no se interesaron en conocer el propósito de Dios, ni tampoco el propósito de la cruz, la cual menosprecian con sus hechos y acciones.

EL CREYENTE EN LA MENTE DE DIOS DESDE ANTES DE LA FUNDACION DEL MUNDO

Efesios 1: 3-14

Introducción:

En el tema anterior habíamos hablado del propósito de la carta a la iglesia, que era para alentarla a fortalecer la fe para proseguir en el propósito de Dios.

Ahora, empieza con un tema, que no debería ser controversial: La predestinación. Es la base que ocupa el apóstol Pablo para decirnos que, Dios: “Nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (v.3).

El cristiano ha recibido una salvación segura, debido al sacrificio expiatorio, perfecto y eficaz realizado por nuestro Señor Jesucristo: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (v.7).

El creyente debe saber y estar seguro que su salvación no dependió de él en sí, ni es de pura casualidad, sino: “Según su beneplácito (de Dios), el cual se había propuesto así mismo, de reunir todas las cosas en Cristo” (v.9-10).

Cuerpo:

v.11. Predestinados conforme al propósito y según su voluntad. Según el verso 11. Dios marcó al creyente con un final ya definido: Para ser herencia de él y para tener herencia de  la vida eterna. De tal manera, que el apóstol Pablo dice en la carta a los romanos: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? ¿Quién es el que condenará?  ¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo? “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. Y por eso, nos dice: “Por lo cual estoy seguro que ni la muerte, ni ángeles, ni potestades, ni ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús” (Rom.8:33-39).

v.4-5. Escogidos y predestinados para alabanza de su gloria. Aquí se revela el plan y el propósito de Dios:

v.4-Nos escogió para que fuésemos santos y sin mancha, es decir, un pueblo apartado para Dios, un pueblo especial y distinto a los demás pueblos.

v.5-Habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos, es decir: De una criatura que se extravió a un lugar que no le correspondía (advenedizo), fuimos rescatados y adoptados al lugar que ahora gozamos. Por medio de Jesucristo, es decir, gracias a la oportuna intervención de Cristo, que nos compró con su sangre al ofrecerse en el sacrificio; según el puro afecto de su voluntad. Dándonos el gozo de la vida eterna, siendo nuestra muerte, si esta llegara, una transición a la eternidad.

v.6-10, 12. Para su gloria. Todo esto, para ubicarnos en un alto privilegio delante de la presencia de Dios: No para ser sus bayonetas, sino para darnos un lugar alto de privilegio, el venir a ser para la alabanza de su gloria (V.12).

Satanás comprendió lo que Dios había dado a los hombres, y en su celo egoísta, su envidia llevó a que la corona de la creación de Dios fuese ensuciada y contaminada por el pecado; engañando a Eva y a Adán de que comiendo del fruto del árbol, serían como su Creador, es decir, como Dios. ¿En qué pecaron? En concebir, por engaño de Satanás, que Dios es mentiroso y por ende, se rebelaron contra él, creyéndole a Satanás; despojándolos así de su alto privilegio que tenían entonces dentro de la creación (Gén.3:10-11. Leer desde el verso 1 hasta el verso 15).

Por eso vino Cristo, para que el hombre fuese reivindicado, de venir a ser un advenedizo, fuese rescatado y salvado. Para que tuviese ese grado de honor de venir a ser alabanza de la gloria de Dios, como está escrito:

“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?

 “Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra” (Salmo 8:4-5, 3).

v.13-14. Sellados y garantizados para nuestra herencia eterna. El Espíritu Santo, en su papel que juega dentro de la salvación del hombre, también  fue dado al creyente como una garantía (Las arras) y como propiedad (Al ser sellados) de que somos de Dios y herederos de la vida eterna. En el camino ¿podemos perder lo que se nos heredó? No; pues, dice: “De nuestra herencia hasta la redención de la posición adquirida, para alabanza de su gloria” Esto lo garantiza el sello y las arras, es decir, el Espíritu Santo en la vida del creyente.

Con mucha propiedad nos habla el apóstol Juan sobre los que se extravían en Cristo, al decir: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1Juan 2:19) O el caso de Judas, que dice las Escrituras: “Y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la escritura se cumpliese” (Juan 17:12 Leer: Hechos 1:25).

LAS BASES PARA FORTALECER LA FE DEL CREYENTE

Efesios 1: 1-2

Introducción:

La carta del apóstol Pablo a los Efesios, lleva un contenido de tipo pastoral; es la de fortalecer la fe de los miembros de las iglesias de Cristo que estaban a su alrededores (las iglesias en Asia). Dos detalles importantes:

  1. Una carta de aliento. Las iglesias sufrían la hostilidad y la persecución de las personas y de las autoridades; Pablo los alienta a continuar firmes en su llamamiento y propósito, no olvidando su carácter e identidad como creyentes que forman el cuerpo de Cristo.
  2. Mantener su significado de ser parte de la iglesia de Jesucristo, llamando a la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz: Un cuerpo, un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo y un Dios (Efes.4:3-6. Leer del v.1 al v.7).
  3. Una sólida iglesia. Para que pueda cumplir los propósitos de Dios (Efes.4:16).

Cuerpo:

v.1-a. Comisionado a la administración de los gentiles. Pablo había sido y era la persona de llevar el evangelio de Cristo a los gentiles como también, de levantar obras (iglesias) en el mundo gentil. Por ello el encabezado de su carta de identificarse: “Apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios”. Elegido por Cristo como una autoridad en la iglesia gentil, de acuerdo a la voluntad y propósito de Dios el Padre.

v.1-b. Los santos. En el carácter de identidad y no de conducta; los que fueron apartados del pecado y del mundo incrédulo a través de la gracia de Dios, al más alto privilegio de ser llamados hijos de Dios: “A los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn.1:12). Esto no excluye el llamado de ser santos cada día, es decir, de apartarnos cada día de las obras del pecado y la del mundo: “El que es santo, santifíquese todavía” (Apoc.22:11).

v.1-c. Los fieles. Los que han permanecidos leales a Dios en: Palabras, acciones y relación con los hermanos; como una expresión de fe (activa y viva) en Dios.

El resultado de esa fidelidad es la capacidad de ser constantes con el compromiso de Dios y con su obra; capacidad de poder cumplir el propósito de Dios, y que se cumpla en nosotros también.

v.2-a. La Gracia. Recibida de parte de Dios; en el cual se debe crecer cada día, brillando para la gloria de él. La gracia, es un don que no merecíamos recibir, pero la misericordia de Dios lo hizo posible a través de su Hijo Jesucristo.

v.2-b. La Paz. Fuimos reconciliados con Dios, el pecado nos alejó de él haciéndonos enemigos. Vivimos mucho tiempo alejados de él en una plena rebelión, pero en Cristo fuimos reconciliados. Resta pues, crecer en la gracia, cultivando nuestra fe, la fraternidad entre los hermanos, perdonándonos agravios y ofensas, evitando raíces de amarguras en nuestros corazones.

Conclusión:

Estos principios son los que sostendrán como creyentes y como la iglesia de Cristo, siendo luz a las naciones, testimonios vivos del poder y del amor a Dios: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los uno con los otros” (Jn.13:35).

DIOS CONOCE LOS PENSAMIENTOS Y LO OCULTO DEL CORAZON

1Crónicas 28:4-5, 9-10

Introducción:

Habíamos señalado que la promesa de un reino estable y perdurable a Salomón, era condicional (v.5-7). Su padre David le exhortó a que sea íntegro ante Dios, y que le sirva de una manera voluntaria; es decir, sin fingimiento, ni por obligación ni forzado.

Debemos pensar que a nadie le gustaría ni le agradaría que le sirvan de esa manera, sino con disposición y amor.

Cuerpo:

v.4-5. Alcanzados por la gracia de Dios. Empezando con el pueblo de Israel, de esa nación, se eligió a la tribu de Judá y de ella la casa de Isaí de donde fue llamado David para ser el rey; y de entre los hijos de él, fue elegido Salomón. Todos llevan una distinción: La Gracia de Dios.

Gracia que ahora, nos alcanzó a nosotros los redimidos a través del Señor Jesucristo; con el mismo propósito que fueron llamados los antes descritos, de ser testimonios vivos de la Gracia, Misericordia y Amor de Dios, ahora manifestado a través de su Hijo Jesús, nuestro Salvador. Qué bueno y sano a la vez, mantener en el corazón esa verdad de Dios. Por eso Dios no se avergonzó de dar testimonio de ellos, y ahora, Jesús, de: “Llamarnos hermanos” (Heb.2:11).

v.9. Dios conoce lo oculto del corazón del hombre. ¡Qué insensatez! Mayormente en muchos cristianos, pretender esconder ante Dios, sus pensamientos malos hacia el prójimo y de fingir amor. Dice el rey David, que: “Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos”. Por eso, David exhorta a su hijo Salomón a que: “Reconozca a Dios, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario”.

David, no solo tuvo experiencias preciosas con Dios, sino también experiencias amargas al actuar y pecar contra Dios: Uno de ellos fue al ser descubierto su adulterio y homicidio sobre uno de sus soldados fieles. Pagó un alto precio de dolor y vergüenza.