LA VIDA CRISTIANA SUMERGIDA EN LA VOLUNTAD DE DIOS

Efesios 5: 13-20

 

Introducción:

Continuando con el llamado que hace el apóstol Pablo de “Vivir como hijos de Luz” (v.1). Concluye con el tema de la relación con el prójimo, con una exhortación a caminar en la voluntad del Señor (v.17). Nos da tres detalles para asegurarnos de que realmente estamos y vivimos en la voluntad de Dios.

Nuestra relación fraterna con los demás, refleja la realidad de estar en esa voluntad, o todo lo contrario. Qué importante es examinarnos a la luz de la Biblia, si estamos viviendo y desarrollando nuestra relación con Dios, como está escrito:

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn.4:20-21).

Cuerpo:

v.13-16. Advertencia de despertarnos y levantarnos en Cristo. Debemos entender que la maldad viene a nosotros de una forma sutil, de tal manera que no se puede discernir percibir. El cristiano tiene que estar alerta, pues dicha maldad viene vestida (Camuflajeada) de derechos y de justicia. Por eso el urgente llamado de Pablo:

“Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (v.14)

Es decir, que seremos guiados por el camino correcto. Por mucho que se quiera esconder la maldad en el corazón, será puesta a luz, y quedará al descubierto (v.13).

Ante esto, atendamos el llamado: Ser diligentes (v.15). Aprovechar bien el tiempo, porque los días son malos (v.16). A no ser insensatos, sino: Entendidos de cuál sea la voluntad del Señor (v.17).

v.17. La insensatez de justificar la maldad. El aprovechar el tiempo, es de procurar cada día en conocer la voluntad de Dios: “De lo que Dios quiere y espera de nuestra vida”. De procurar conducirnos en la vida, de acuerdo al propósito de Dios. No dormirnos consintiendo la maldad, menospreciando sus consecuencias que deprenden de ella: La muerte.

v.18-20. Dejar la vida pasada. Abandonar los deseos egoístas que traen sufrimiento para tomar el gozo verdadero que da el Espíritu Santo: “No os embraguéis con vino” De todo aquello que es falso, sino llenarnos, sumergirnos en la vida con Dios. La recomendación que da el apóstol es:

“Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.

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