DILIGENTES EN NO HACER ENOJAR AL ESPIRITU SANTO

Practicar la vida nueva en Cristo.

Efesios 4: 24-32

Introducción:

El apóstol Pablo había hecho el llamado de: a-Despojarnos del viejo hombre (del que estaba viciado por el pecado). b- Renovación de la mente, de los pensamientos que eran incapaces de discernir correctamente la palabra de Dios. Es adoptar el pensamiento de Dios a través de la guianza del Espíritu Santo y la palabra de Dios; como está escrito: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”.

Ahora pasa a describirnos aquellas prácticas que son del viejo hombre y que hay que abandonar, adoptando a la vez prácticas de la nueva vida en Cristo.

Cuerpo:

v.25. Hablar la verdad con su prójimo. Para ello  es necesario desechar, como a la basura, la mentira. Dios es veraz, y el Señor Jesucristo cuando vino en la carne, dice la Biblia que: “No se halló en su boca mentira” Aún, acusó a los hombres que dejaran las obras de vuestro padre, refiriéndose a Satanás, que desde el principio ha mentido. Y le llamó padre de mentira. El sembró con el pecado la división y la enemistad entre el hombre y Dios. Y esa misma obra hace la mentira: Crea conflicto y división.

v.26-27. Dominio propio. Es uno de los dones que Dios ha dado a creyente, para que el enojo no traspase la línea roja. El enojo es natural, es la reacción propia de recibir una ofensa. Lo que se pide es que el enojo no se crea raíces de amarguras en el corazón. Es necesario que el creyente aprenda a controlar su enojo; para evitar herir y destruir al hablar. En segundo lugar, cuando hay ira, no debe tomar ninguna decisión para no perder la paz con Dios y con el prójimo. A esto se refiere Pablo de no dar lugar al diablo.

v.28. Vivir honradamente. Que trabaje y adquiera ganancia con dignidad. Esto evitará la pobreza y a la vez podrá compartir con el que pasa necesidad.

v.29. Un lenguaje sano. Cuando se pierde el control del enojo, se tiende a ofender e insultar con palabras soeces. Con calificativos humillantes.

v.30-32. No contristar al Espíritu Santo. Con el cual, dice Pablo, fuimos sellados para el día de la redención. El Espíritu Santo no solo nos guía, nos enseña y nos ayuda; sino también, es el que nos da la garantía de que: -Somos hijos de Dios. –Y nos guarda para salvación.

Entonces, ¿Cómo vamos a ofender y a enojar a aquél que contribuye con amor nuestra salvación? El Espíritu Santo, es el mejor amigo con que cuenta un cristiano y con su actitud y conducta impropia no es posible que venga a ser nuestro enemigo, como está escrito:

“Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo Espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos” (Isaías 63:10-14).

Por eso hay que desechar todo aquello que pueda afectar nuestra relación con Dios: “Quitando toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”.

LLAMADO A LA NUEVA VIDA EN CRISTO

Efesios 4: 17-24

Introducción:

El cuerpo de Cristo está formado por diferentes miembros que gozan de dones que Dios les ha dado a cada uno de ellos, son habilidades que ahora pueden ofrecerlo al servicio de Dios. Pero a la vez, el Señor levantó Ministerios que contribuirán para:

 a-La edificación.

 b-Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina.

 c-Para una unidad fuerte. (v.11-16).

Ante todo esto, el cristiano es capaz de poder emprender esa nueva vida en Cristo. Pablo enseña y exhorta a la vez que vivir la nueva vida, es necesario despojarse del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos (v.22).

A continuación, el apóstol da una lista de lo que se requiere para una nueva vida en Cristo.

Cuerpo:

v.17. Un estilo de vida diferente. Para ello el llamado es: “Ya no andéis como los otros gentiles”. Que viven ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de corazón” (v.18). Que por ignorancia y por la dureza de corazón, es decir, que desconociendo lo que Dios es y el propósito que tiene con la humanidad, piensan y hablan de cosas que no conocen, tienen un concepto extraviado de Dios y en la dureza de corazón lo rechazan. Y habiendo perdido toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza (v.19).

En la nueva vida en Cristo, el estilo de vida, que cada creyente debe aspirar, a una vida de justicia, santidad y verdad (v.24).

v.18. Una mente entenebrecida. El hombre, es esclavo del pecado, pues su mente la tiene llena de tinieblas. Vive en esa oscuridad que se vuelve incapaz de poder discernir correctamente la palabra de Dios. Pervierten las Escrituras de tal manera que alimentan aquellos pensamientos vacíos y estériles, que solo conducen a la maldad y a la destrucción misma. Como está escrito: “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gén.6:5).

v.20-22. El creyente debe Vivir lo que le enseñó Cristo. Escuchamos a muchos ministros de estos tiempos, que, para justificar sus herejías, dicen que Cristo no enseñó doctrina. Sí enseño, y después de su resurrección y de su ascensión, la iglesia contó con la presencia y dirección del Espíritu Santo que Cristo había prometido. Cristo en su enseñanza no solo fue teórico, sino también práctico de cómo debería el creyente andar, su conducta y sus actitudes. Y por eso el apóstol exhorta, diciendo: “Más vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús” (v.20-21).

Entonces, es un llamado a un cambio de vida, despojándonos del viejo hombre; es un proceso de cada día, que si hemos entendido, contaremos con la ayuda del Espíritu Santo.

v.23-24. Renovación y vestimenta. Siendo la mente un campo de batalla, en donde se define la victoria; el creyente es llamado: “Renovaos en el espíritu de vuestra mente” Desechando la vieja levadura y adoptando los nuevos pensamientos que vienen de Dios; cada día cultivándolos, tal como lo hacíamos en el mundo con la maldad. Es la lucha espiritual: Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gál.5:16-17).

Pero además de renovar nuestros pensamientos, el creyente debe vestirse del nuevo hombre: “Creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. Antes estábamos vestidos de toda injusticia y pecado, ahora, vestidos de justicia y santidad.

Conclusión:

El apóstol Pablo hace mención tres veces de la verdad; es un llamado que la nueva vida que lleva el creyente, no sea ficticio, hipócrita y falso; sino de verdad, sinceramente y sin reproche. Cuando un creyente se proponga vivir en verdad la vida nueva en Cristo, el mundo se le vendrá encima; familia y amigos, que querrán influenciarlo con sus vidas llenas de concupiscencias. Ser leal a Cristo, el creyente se vuelve enemigo del mundo, se vuelve una persona contradictoria. Por eso y tristemente, la mayoría de los cristianos dudan y se acobardan en dar ese paso tan importante; recuerda siempre las palabras de Cristo: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mateo 11:12).

LA UNIDAD DE LOS MIEMBROS DEL CUERPO DE CRISTO

Efesios 4: 7-16

Introducción:

Esta profecía del verso 8 es aplicada a los acontecimientos del lugar donde fue Cristo en su muerte: “En el cual también predicó a los espíritus encarcelados” (1Pe.3:18-20). Recordemos que el Señor Jesucristo hizo mención del Hades en donde existían dos sitios Luc.16:19-31: “El seno de Abraham (v.22), y el lugar de tormento (v.24). Estos dos lugares los separaba una gran sima (v.26).

Entonces, el lugar a donde fue Cristo, es al Seño de Abraham, en donde estaban los justos que creyeron a Dios y sus promesas, una de ellas, la manifestación del Mesías; no solo les anunció el cumplimiento de la promesa, sino que los traslado al lugar en donde Pablo llamó: El paraíso: “Conozco a un hombre en Cristo…fue arrebatado hasta el tercer cielo…que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables…de tal hombre me gloriaré” (2Cor.12:2-5).

Entonces, prosigue Pablo en la epístola a los Efesios, diciendo: “…Había descendido a las partes más bajas de la tierra” (v.9).

Sin embargo, Pablo aplica esta profecía de los salmos, a la caída degradante de la humanidad, a lo más bajo que puede caer en el pecado el hombre. Esto lo podemos apreciar en la narración del Hijo Pródigo en: Luc.15:11-32: El Señor Jesús narra como el joven llegó al punto de: Apacentar a los cerdos…Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos” (v.15-16). Para los judíos es abominación la carne de los cerdos, pero el joven no solo cuidaba cerdos, sino que deseó lo que comían los cerdos a causa del hambre.

Cuerpo:

v.8-10. El sentir de Cristo es el mismo que debe haber en el creyente. Desde su lugar de morada, el tercer cielo, el Señor Jesús descendió a las partes más bajas de la tierra (v.9); lo podemos comprender mejor cuando se narra lo que hizo para salvarnos: “Siendo en forma de Dios, no estimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló así mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filp.2:5-8). Y así como se humilló (descendiendo a las partes más bajas de la tierra), “Dios lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre sobre todo nombre…de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Filp.2:9-11).

Es un llamado que se hace al creyente, en su entrega, dedicación y lealtad a Dios. Que así como Cristo se entregó, así debe el cristiano dedicarse a la obra de Dios.

v.7. Las habilidades humanas disponerlas para Dios. El cristiano entiende ahora que las habilidades que tiene, ahora lo debe usarlas para Dios: El que toca un instrumento musical, el que canta, el que sirve, etc. Como está escrito: “Y dio dones a los hombres” (v.8).

v.11-16. Los Ministerios. Cuyos propósitos son para: Perfeccionar a los santos para la obra. Para la edificación del cuerpo de Cristo y para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina errada (v.12-14). Es decir, además de nutrir al creyente en la fe y en el conocimiento de la voluntad de Dios, sean eficaces en realizar la obra de Dios.

Otro propósito es la Unidad de los miembros del cuerpo de Cristo: “De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor (v.16).

Conclusión:

La iglesia en la obra de Dios, debe realizarla en equipo, lo que nos muestra al final Pablo, es que en conjunto, cada quien en el privilegio de servir, haga su trabajo con una sola visión.

En la iglesia primitiva, vemos que al tocar un tema de lo que sería la convivencia entre judíos y gentiles, los líderes de la iglesia: Apóstoles y los ancianos (Hech.15:6); en conjunto tomaron una decisión para que la iglesia no tuviese contra tiempo en la evangelización (Hech.15:15-35).

Cada cristiano es responsable de guardar la unidad entre los miembros de la iglesia; tiene que guardar su compostura ante Dios y no permitir que en una situación controversial, tome decisiones que en vez de unir y edificar, venga a ser objeto de división.

DILIGENTES EN PRESERVAR LA UNIDAD DE LA IGLESIA

(El creyente sujeto al Espíritu Santo)

Efesios 4: 1-7

Introducción:

El apóstol Pablo señaló que el creyente tiene su identidad y vocación en Cristo:

-Al ser reconciliados: “De dos pueblos, hizo un solo pueblo, para venir a ser la familia de Dios (v.2:4,19).

-Somos un cuerpo, llamado: La iglesia de Cristo (v.1:22-23).

-Vocación, el llamamiento de realizar la obra de Dios: “Id y haced discípulos a todas las naciones” (Mat.28:19-20).

Cuando el creyente entiende cuál es su posición y objetivo entonces, podrá ser el instrumento de justicia en el propósito de Dios.

Cuerpo:

v.3. Diligentes en la unidad del cuerpo de Cristo. Recordemos que cada miembro de un cuerpo, es distinto y diferente en sus funciones. Sin embargo, ninguno hace lo que quiere, sino que: “Funciona coordinado y ordenado cumple su objetivo de ser un cuerpo perfecto. Cada miembro es llamado a trabajar en esa unidad, obedeciendo la cabeza, que es Cristo, a través de la palabra de Dios. Ejemplo: El centurión romano al concebir la fe: Da la orden y mi siervo sanará. Y expresó que él era un hombre sujeto a autoridad y tenía a hombres bajo su autoridad: “A este digo ve, y va; a otro: Ven, y viene.

Nosotros estamos bajo autoridad en Cristo, bajo el Espíritu Santo, quién es el que nos une y nos coordina. Mientras estemos sujetos al Espíritu Santo, funcionaremos perfectos como un cuerpo.

v.4-6. Una sola visión. Como somos diferentes, todos tenemos pensamientos distintos, pero en Cristo, no vamos a seguir lo que cada uno piensa, pues esto llevaría a una contienda y división; sino que vamos a seguir la voluntad y propósito, en este caso, del Espíritu Santo, como está escrito: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (v.7). Es decir, se nos dieron habilidades, las cuales debemos ponerlos al servicio de Dios. Entonces, nuestros pensamientos sujetos a los pensamientos del Espíritu Santo: “Un cuerpo, y un Espíritu…una misma esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y en todos”.

v.2. Los frutos de la fe. Todos en obediencia a los principios de Dios: “Con toda humildad”: Como Cristo nos enseñó con su ejemplo, que, siendo Señor, sirvió a los demás obedeciendo el propósito de su Padre.

“Mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. El ser manso es todo lo contrario a ser odioso; es ser bondadoso en el trato con los demás.

“Paciencia”, En ayudarse unos a otros. No crea un grupo para dividir, sino para edificar. Viene a ser como un amigo.

LLAMADO A SER CAPACES DE COMPRENDER EL AMOR DE DIOS

Efesios 3: 14-21

Introducción:

La palabra de Dios dice que: “En el barbecho de los pobres hay mucho pan; más se pierde por falta de juicio” (Prov.13:23) y, “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6).

No porque Dios no les haya revelado su palabra en abundancia, sino como resultado de falta de interés, de esfuerzo y dedicación con Dios y su obra.

Proverbio lo que manifiesta es: ¿Cómo es posible que estando en un terreno productivo, no haya iniciativa, esfuerzo y dedicación para sembrar y obtener los frutos? ¡Hay abundancia de pan! Es decir, Dios ha sido amplio y abundante en su amor para revelarnos todo lo necesario para que nos levantemos y tengamos éxito: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia (Dijo el Señor Jesús) (Jn.10:10).

Por eso dice el Señor en Oseas: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Os.4:6).

Deje de echarle la culpa de su fracaso a los demás. El apóstol Pablo dice que: “Por esta causa doblo mis rodillas” Para que la familia de Dios (Siendo nuestro Dios, el Padre), se fortalezca con la fuerza del Espíritu Santo en la fe de Cristo (v.14-17).

Los dos primeros cap. Pablo se ocupó de establecer una gran parte de la Sana Doctrina, de como Dios se ocupó de nosotros los creyentes dándonos la salvación y la vida eterna. Para que dejemos de ser inconstantes y poder vivir y caminar como los hombres que dejaron huellas de su fe en Dios.

En este cap.3, finaliza glorificando a Dios: “Y Aquél que es poderoso… A él sea la gloria en la iglesia (En la familia de Dios) en Cristo Jesús (v.20-21).

Resta, pues, que el creyente llegue a conocer a plenitud el amor de Dios en su Hijo Jesucristo.

Cuerpo:

v.14-17. Oración por la familia de Dios. Los creyentes de ayer, de hoy y los de mañana, es decir, la iglesia (v.21):

a- Sean fortalecidos en la guianza y en el poder del Espíritu Santo. A través de su poder y su guianza a través de la palabra de Dios, viene a fortalecer espiritualmente al creyente (v.16).

b- Con el fin de que: “Habite plenamente Cristo en nuestras vidas” Enraizados en la fe, en una plena confianza (v.17).

v.18-19. Capaces de comprender. El amor de Cristo, un amor sacrifical al ofrecer su vida por todos nosotros. Para ser llenos de la plenitud de Dios, al darnos de su gracia, perdonando nuestros pecados al darnos a su Hijo Jesús en sacrificio para que fuésemos salvos:

Anchura. El amor de Dios en nuestro diario vivir. Que no exista en nosotros egoísmo, envidia y codicia. Que lo que gobierne en nosotros sea el Amor de Dios y no la maldad en nuestros corazones.

Longitud. Que nuestras acciones y actitudes evidencien que, lo que hay en nuestros corazones, es el amor de Dios: Comprensión, bondad y misericordia.

Profundidad. Que el desaliento, la desesperación y la muerte; no contamine ni dañe el amor de Dios que hay en nuestros corazones.

Altura. Que haya integridad, sin aislarse de los demás, sin permitir que el sol permanezca sobre nosotros (Que no haya raíces de amarguras); sino que haya júbilo siempre en nuestros corazones, alabando y glorificando a Dios, que es parte del culto en la congregación.

Conclusión:

Esfuércese, entréguese, trabaje a diario su relación con Dios hasta perfeccionarlo. Recuerde: En el barbecho de los pobres hay mucho pan; no deje que se pierda por falta de juicio (Prov.13:23)

UNA GRAN MISION EN MANOS MENOS INDICADAS

Efesios 3: 1-13

Introducción:

El apóstol Pablo se identifica así mismo como: “Prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles” (v.1). Nos hace pensar que la epístola fue escrita y enviada desde Roma, en donde Pablo se encontraba bajo prisión (casa por cárcel). No culpa a los gentiles de estar pasando esa situación difícil, sino que recuerda su llamamiento, que su ministerio fue dado para llevar el evangelio al mundo gentil.

A pesar de estar en prisión, en espera de un juicio del cual recibe la condena de pena de muerte.

El apóstol, en vez de ver su condicion de forma negativa, la ve como un alto privilegio, una gloria, pues estaba por la causa de Cristo. Esto revela su confianza en Dios: “Que Dios tiene el control de todas las cosas” Por lo cual pide al creyente, a la iglesia que no desmaye (v.12-13).

Cuerpo:

v.2-7. La mayordomía. Pablo expresa, que su llamamiento y como recipiente de la revelación del misterio de Dios para darlo a conocer, lo ha hecho con responsabilidad y compromiso, aún en las circunstancias adversas, como las que él pasó a causa de la predicación del evangelio y de su estado actual: “La administración de la gracia de Dios que me fue dada para vosotros” (v.2,4-7). Todo ministro, está en la obligación de desarrollar su mayordomía con responsabilidad y compromiso: “Porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (Heb.13:17). Pablo como apóstol, se exigía así mismo al expresar: ¡Ay de mí sino anunciara el evangelio! Porque me es impuesta necesidad” (1Cor.9:16).

v.8-11. La persona menos indicada para una gran misión. Así se expresa el apóstol, y que sin el respaldo de Dios, no hubiese podido cumplir tal misión. Aun, en su predicación, tenía eco en los lugares celestiales (v.10-11). El Señor Jesucristo dijo, que: “Los ángeles ven siempre el rostro de mi Padre” (Mat.18:10). Muchos ministros se han llenado de soberbia en sus corazones, que se han olvidado que fueron llamados, no porque Dios los necesitaba, no porque tuviesen méritos; sino que fueron llamados según la bondad y misericordia de Dios, como está escrito:

“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios…y lo débil del mundo…y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Más por él estáis en Cristo Jesús” (1Cor.1:26-31).

CRISTO NUESTRA PAZ, EL MENSAJE DE LA RECONCILIACION CON DIOS

Efesios 2: 11-22

Introducción:

El apóstol Pablo habla de la reconciliación de dos pueblos, que solo fue y es posible con Cristo. Los judíos sabios, en su orgullo de ser una nación escogida por Dios de entre los demás pueblos y de gozar de sus leyes (Pacto en la circuncisión), menospreciaban y despreciaban a las naciones gentiles que eran: “Ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (v.12). Y por estar sumidos en sus propias sabidurías, idolatría y en la vanidad de este mundo,  menospreciaban igualmente a los judíos; así, dos pueblos imposibles de juntar, enemistados. Pero en Cristo fue e hizo posible dicha reconciliación: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (v.14).

Cuerpo:

v.13-16. Aboliendo las enemistades. Cristo lo hizo posible mediante la cruz, al reconciliarnos, en primer lugar, con Dios. Todos, judíos y gentiles, estábamos enemistados con Dios, éramos, a causa del pecado, enemigos de Dios, pero ahora en Cristo: “Tenemos paz para con Dios” (Rom.5:1). En segundo lugar, vino a reconciliar dos pueblos: “Para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (v.15). La sangre derramada de Cristo en la cruz, es pura y poderosa, de tal manera que: “Aboliendo en su carne las enemistades” (v.15). La iglesia primitiva, que empezó a llenarse con miembros judíos, más adelante, vemos a la iglesia, congregándose, en igual número, tanto judíos como gentiles en un mismo edificio.

¿Y qué decir entre los mismos gentiles? Familias enemistades, se reconciliaban al ser impactadas sus vidas por Jesucristo, hasta el día de hoy.

v.17-20. La obra de reconciliación del Espíritu Santo. Ahora, dice el apóstol Pablo, ambos pueblos: “Tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (v.18). ¿Cómo opera el Espíritu Santo en la reconciliación? Tenemos el ejemplo en el apóstol Pedro y el centurión romano Cornelio: Hechos 10: Los dos guiados a reunirse a través de una visión, que es la obra del Espíritu Santo. Primero, la visión viene al centurión, en donde en visión, ve un ángel quien le ordena mandar a traer a Pedro para que recibiese el mensaje de salvación: “Él te dirá lo que es necesario que hagas” (v.6). Luego, recibe en visión Pedro, el llamado de ir a la casa del centurión (v.9-17, 19-20). Cuando llegó Pedro, fue recibido por Cornelio y: “Hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido” (v.27). Así opera el Espíritu Santo; pero muchos han fracasado y se han frustrado para lograr esto, porque no obedecen al Espíritu Santo quien nos guía a través de la palabra de Dios.

v.19-22. Sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. La palabra de Dios es fundamental, no solamente tenemos la guianza del Espíritu Santo, sino también, como una herencia, a través de los apóstoles y profetas, nos ha sido dada la palabra, la revelación del conocimiento de Dios. A ellos les fue revelado, lo que posteriormente el apóstol Pablo llama: “Aclarar a todos cual sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios…sea dada a conocer por medio de la iglesia” (Efes.3:9-10).