LLAMADOS PARA GRANDES EVENTOS

Hebreos 6: 1-12

Introducción:

El escritor hace un llamado a avanzar y a crecer en la vida espiritual. Alcanzar la madurez (la perfección), dejando de lado la niñez (lo inexperto) para crecer como conocedores de la verdad de Dios y de los fundamentos que han sido puestos, y aceptar que ha llegado la hora de levantar el edificio: “Vosotros como piedras vivas sed edificados como casa espiritual” (1Pe.2:5).

El cristiano tiene que avanzar, escalando cada peldaño de la fe viva que nos fue dada. Es decir: Hay que actuar de acuerdo a los fundamentos (principio doctrinal) (v.1-3).

La vida cristiana es por fe, hay que actuar de acuerdo a ella y no de acuerdo a lo que nosotros pensamos o tenemos.

Cuerpo:

v.1-3. Enseñar y ser ejemplos a otros. “Esto haremos,” transmitir a los nuevos convertidos los principios de Dios (La sana doctrina), y con nuestro ejemplo lo que aprendimos: Vivir y actuar con fe; la Biblia dice: “Por fe andamos y no por vista”. La fe da y alimenta la visión, de tal manera que, aunque para nosotros todas las cosas nos son imposibles, para Dios no hay nada imposible. Necesitamos hacer a un lado nuestra visión, pues es corta, insuficiente, enferma y frustrante.

Muchos cristianos han quedado cortos en su avance, porque todo ve de acuerdo a su propia visión: Todo es negativo: No se puede, no hay, no tengo, etc. Una vez más necesitamos escuchar la voz de Cristo que nos dice: “Levántate, toma tu lecho y anda” (Jn.5:8). Hay que levantarse de esa parálisis espiritual.

v.4-5. Experiencias sobrenaturales con Dios. Desde nuestra conversión, entendimiento de las revelaciones de Dios a través de su palabra, como también experimentar su poder en el transcurso de nuestra vida de servicio a Dios.

Al igual que el pueblo de Dios cuando fue liberado de la esclavitud de Egipto, experimentaron el brazo poderoso de Dios, cruzando el mar y su sobrevivencia en el desierto. Dice el escritor que: “Fuimos iluminados, gustamos del don celestial y fuimos hechos participantes del Espíritu Santo. Gustamos de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero”. Hemos sido, pues, testigos de los hechos y del poder de Dios.

v.6-8. Dejando la niñez (inexpertos) atrás. Para el escritor es imposible que un cristiano que ha experimentado las obras de Dios en su vida todavía sea inexperto, de tal manera que tenga necesidad todavía de la leche espiritual y no del alimento sólido. A esto se refiere cuando dice: “Dejando los rudimentos de la doctrina de Cristo, del bautismo” y otros. Hay que avanzar, no como heréticamente enseñan otros, de una nueva visión o derramamiento espiritual; sino partiendo del fundamento que ha sido puesto (la sana doctrina), a crecer, a avanzar hacia la madurez.

Muchos creyentes que ya tienen mucho tiempo en el evangelio, hay que estarlos evangelizando y volviendo a darles las doctrinas. Eso es para los nuevos.

La niñez quedó atrás: Es intolerable el doblez de ánimo; a los niños no se les puede dar responsabilidades, sino que hay que ayudarles y animarlos, pero a un adulto sí se le demanda responsabilidades, se les trata como tal. El apóstol Pablo decía: “Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1Cor.13:11).

Entonces, no solo es vergonzoso estarse echando para atrás y luego estar volviendo, del arrepentimiento de obras muertas, en donde la lluvia cae y al igual que los espinos y abrojos, son sino reprobados y próximos a ser maldecidos. ¿Por qué? Porque, esa doblez, crucifica nuevamente a Cristo y lo expone a vituperios (v.6). Pero que dicha cuando la lluvia cae sobre árboles que dan frutos, que cumplen el propósito esperado.

v.9-12. Llamados para cosas grandes. El Señor Jesucristo dijo: “De cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará” (Jn.14:12). ¿Por qué? Por el llamamiento que hemos recibido de conquistar el mundo para Cristo: Id, y haced discípulos a todas las naciones (Mat.28:19). A los primeros discípulos les hizo el llamado a ser: “Pescadores de hombres” Y en otra parte, les dijo: “Yo los elegí a vosotros para que llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Jn.14:16).

La tarea que tiene el cristiano es sublime, es grande, y necesario en momentos de gran transcendencia en el mundo. Debe de haber cristianos listos y preparados para ello.

Sin lugar a dudas, el salmista manifestó, diciendo: “En Dios haremos proezas” (Salmo 60:12).

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