LA OBEDIENCIA LLEVA AL CUMPLIMIENTO DE LA PALABRA DE DIOS

1Crónicas 16: 15-22

Introducción:

En este cántico del rey David (Salmo), hace memoria del origen de su Nación y de su generación; ya que él es descendiente de Abraham, Isaac y de Jacob.

Todo empezó en la elección de Dios de un hombre, Abraham; y luego del pacto a través de sus dos hijos: Isaac y Jacob. Más tarde, confirmó su pacto con el pueblo de Israel. Pasaron muchos años desde Abraham hasta David con el pueblo de Israel se muestra la Soberanía de Dios, sobre la potestad absoluta de la historia de la humanidad.

Cuerpo:

v.16. Llamamiento y pacto (Promesa) con Abraham. Este hombre pudo cristalizar la promesa de Dios para su vida al creerle y obedecerle.

El creyente tiene promesas a través de Jesucristo, sin embargo, a pesar que cree no actúa, además desobedece al tomar una dirección diferente. Es decir, no vive la palabra de Dios, sino que hace todo lo contrario. Y se queda inerte solo esperando que se cumpla la promesa de Dios en su vida.

Abraham escuchó la palabra de Dios y la puso en práctica al obedecer el llamamiento: “Y se fue Abraham, como Jehová le dijo” (Gén.12:4. Leer del 1 al 4).

v.16-18. Isaac siguió las huellas (El ejemplo de Abraham). Por esa obediencia y de continuar la tarea de su padre, éste al envejecer y morir, continuó la promesa de Dios obedeciéndole: “Del pacto que concertó con Abraham; y de su juramento a Isaac” (v.16). Y pudo, después, transmitírselo a su hijo Jacob, de donde salió el pueblo de Israel.

v.19-22. Protección y respaldo de Dios. Vemos, pues, que la fe y la obediencia, llevó a que esas tres generaciones se les cumpliera la promesa de Dios: “En ti serán benditas todas las naciones”. No fue y no es fácil obedecer a Dios, sus lealtades a él, acarrearon muchas dificultades en el camino de sus vidas: Fueron forasteros de una Nación a otra, en graves peligros; sin embargo, dice: “No permitió que nadie los oprimiese; antes por amor de ellos castigó a los reyes” (v.19-22). Esta es la protección de Dios: “No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas”. Es decir, muchas veces los protege y otras veces, permite en ellos el oprobio, pero su sufrimiento, además que no quedará sin castigo, es fructífero. Para que entendamos, leamos lo que nos dice el apóstol Pablo: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Rom.8:28).

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