EN DIOS NO HAY VARIACION

(La fe en un Dios perfecto)

1Crónicas 22: 9-13 (17:11-15,17)

Introducción:

David hizo preparativos para que su hijo Salomón edificara el templo, la casa de Jehová. Cuando David procuró edificarle casa a Dios, él se lo impidió a causa de haber sido un guerrero y por ende había derramado mucha sangre; por esto, Dios le prometió que su hijo Salomón lo haría.

Esa promesa vino con profecía: a) Le nacería un hijo y le llamaría Salomón, porque sería un varón de paz. b) Se le profetizó un reino que perduraría si él se mantenía en el temor de Dios, siendo una promesa condicional.

La segunda promesa, sería proféticamente sobre el Mesías. Del linaje de él, saldría un rey justo y que su reino sería eterno. Una promesa incondicional. Siglos después aparecería el Mesías, nuestro Señor Jesucristo.

En conclusión, en la promesa profética hecha al hijo de David, una era condicional y la segunda sería incondicional.

 Es importante esta aclaración porque aparentemente, la promesa falló, pues Salomón pecó y en su hijo, nieto de David, el reino se dividió y fueron llevados, más tarde, a la esclavitud. 70 años después de esa esclavitud, solo una parte regresó, la tribu de Judá con la tribu de Benjamín y algunos de Israel. Este último se fue a la diáspora, mayormente en parte de Europa. El apóstol Pablo habló además de ir a Roma ya encarcelado, de ir también a España (Rom.15:24,28). A pesar que fue llamado a predicarles el evangelio a los gentiles, siempre pensó en su pueblo y cuando llegaba a una ciudad, no dejó de predicarles a los judíos.

Cuerpo:

v.9-10. Una promesa sujeto a requisitos. Dios prometió a David que el reino de su hijo Salomón sería firme: “Siempre que él guardara la ley, los estatutos y decretos de Jehová” (v.12-13). Entonces la promesa fue dada condicionalmente, de lo contrario al dividirse el reino en su hijo (nieto de David) y luego desaparecer el reino no solo hasta los tiempos del Señor Jesús, sino hasta el día de hoy, entonces diríamos que la promesa falló o simplemente hubo alguna variación en Dios. Pero sabemos que no; ni tampoco que Dios se haya cansado de las prevaricaciones de su pueblo elegido. Sino que su propósito continúa firme, sin ninguna variación, porque Dios es perfecto, es Dios y no humano.

Cap.17:11-15,17. Una promesa incondicional. Con relación al reino del Mesías, cuyo linaje viene del rey David, luego Salomón; el reino es eterno, independientemente que fallarán los reyes descendientes de David. Pues se trata del rey Mesías, del Salvador del mundo.

Con ese propósito Dios eligió al pueblo de Israel, para que de él se confirmara la venida y aparición del Mesías. El libro de Apocalipsis habla de Israel, que todo el tiempo Satanás procuró que no apareciera el Mesías, destruyendo al pueblo de la promesa. La identifica con la mujer que está a punto de dar a luz: “Una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Apoc.12:1-2, 3-17). Esa descripción de la mujer, es basada a los sueños de José, según: Gén.37:9-11.

En este cap.17, como del cap.22, habla de la promesa del Mesías, del reino del Mesías, que antes de establecerlo, realizaría la expiación del pecado, tanto del pueblo de Israel, como de los que iban a ser injertados, los gentiles redimidos, según: Isa.52:13-15; cap.53.

Vemos pues que dos veces se ha interpretado que la promesa falló:

-Al desaparecer el reino de Israel hasta el día de hoy.

-En Jesucristo, que según los judíos, si él fuese el Mesías, no hubiese muerto.

Sin embargo, las Escrituras nos señalan:

  • La promesa ha Salomón, fue condicional.
  • La promesa sobre el Mesías, fue incondicional.
  • La muerte de Cristo, fue necesario antes de estableciese el reino. Sí, murió, pero resucitó al tercer día, pues él es el Hijo de Dios, es Dios. Y así como él permanece para siempre, así será su reino. Cumpliendo así la promesa hecha a David.

Conclusión:

Como vemos, en Dios no existe cambio de parecer, sino que su propósito tendrá su cumplimiento independientemente toda oposición y ataque que sufra su promesa y también, independientemente los hombres hayan fallado.

Confiemos en sus promesas hechas por medio de su palabra, la Santa Biblia, como lo afirmó Pablo al decir, confesando: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2Tim.1:12).

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